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La Zwi Migdal: una red de trata judía en el Buenos Aires de inicios del siglo XX

Entre las redes de trata de personas más famosas de la historia figura, sin duda, la Zwi Migdal, una red que operó durante casi tres décadas, durante el primer tercio del siglo XX, y que estaba radicada en Buenos Aires. La Zwi Migdal estaba integrada por delincuentes en su mayoría judíos y de origen polaco que se habían especializado en la prostitución forzada de mujeres judías traídas de aldeas del Este de Europa.

El método que utilizaban los miembros de la Zwi Migdal era muy sencillo. Jugaban con la ventaja de la deplorable situación en la que vivían las comunidades judías en esos países. En muchos de esos lugares, los pogromos o linchamientos multitudinarios estaban a la orden del día. Esto, unido a la difícil situación económica, hacía que muchas de esas mujeres desearan emigrar. Ese anhelo era utilizado por los miembros de la Zwi Migdal para captar a las mujeres a las que después prostituían en Buenos Aires. Les bastaba presentarse en esos países del Este como judíos que, tras emigrar, habían conseguido prosperar en América. Si habían vuelto a su país de origen, decían, era solo para buscar una mujer con la que casarse.

El anzuelo de poder gozar de un matrimonio próspero era el que hacía caer en su red a aquellas mujeres que veían en esa oferta, bien en la de casarse, bien en la de ir a América para trabajar como empleadas del hogar, una oportunidad irrepetible de prosperar. Llevadas engañadas, estas mujeres y, en muchos casos, niñas cuyas edades oscilaban entre los 13 y los 16 años, eran obligadas a prostituirse en cuanto pisaban suelo argentino. En la mayor parte de los casos, el viaje servía de “entrenamiento” para la vida que les esperaba. Durante la travesía a través del océano, las jóvenes eran golpeadas, violadas y encerradas en jaulas. Llegadas a Buenos Aires, eran subastadas y entregadas al mejor postor en algunos cafés y hoteles de la capital argentina.

La Zwi Migdal no era una red de trata pequeña. Su sede estaba en Buenos Aires, sí, pero tenía sucursales en otras ciudades argentinas y también en Brasil, Varsovia, Sudáfrica, China, India y Nueva York. La Zwi Migdal era, sin duda, una organización poderosa que llegó a tener más de 400 miembros tras la Primera Guerra Mundial y ganancias anuales de más de 50 millones de dólares.

La Zwi Migdal, que tenía su sede en una lujosa casa de más de 620 metros cuadrados con dos plantas, jardín, sinagoga, bar, comedor, salón de fiestas, calefacción y hasta sala de velatorios, tuvo que competir con otras organizaciones de trata formadas por argentinos, españoles, italianos o marselleses.

El germen de lo que posteriormente sería la Zwi Migdal hay que buscarlo en el llamado Club de los 40. Este grupo, formado en 1889, reunía a una cuarentena de delincuentes judíos que formaron dicho “club” para, a la manera mafiosa, brindarse apoyo mutuo, intercambiar información y compartir estrategias comunes para eludir el cerco de las autoridades. Más tarde, en 1906, estos delincuentes constituyeron la llamada “Sociedad Israelita de Socorros Mutuos Varsovia de Barracas al Sud y Buenos Aires” (o, simplemente, “Varsovia”). El primer presidente de “Varsovia” fue Noé Trauman. En esta sociedad convivían judíos procedentes de Polonia, Rusia y Rumanía. La escisión de la sociedad hizo que rusos y rumanos marcharan por un lado y que los judíos de origen polaco quedaran al frente de “Varsovia”.

La época de mayor apogeo de la Zwi Migdal fue la década de los veinte. Según algunos datos, en esa época la organización, formada por más de 400 proxenetas, controlaban alrededor de 2.000 burdeles y unas 4.000 mujeres. Por esa época, y para intentar ser aceptados dentro de la comunidad judía más tradicional, los miembros de la Zwi Migdal hacían donaciones a las sinagogas. Tuvo que ser la denuncia ante la justicia de una inmigrante judía esclavizada como prostituta por la Zwi Migdal lo que serviría, finalmente, para desmantelar la organización.

La mujer que denunció las actividades de la Zwi Migdal fue Raquel Liberman, una mujer nacida en 1900 en una pequeña población polaca y que durante seis años estuvo prisionera de la red. Ahorrando a escondidas de la misma y con la complicidad de un cliente que negoción su compra para ser llevada a otro burdel, Raquel Liberman pudo escapar momentáneamente de la Zwi Migdal. Capturada de nuevo por mediación de un delincuente que, tras casarse con ella, robó sus ahorros y la entregó a la Zwi Migdal, Liberman fue recluida en un burdel-prisión bonaerense, de donde también consiguió escapar.

Tras esta segunda huida, acaecida en 1929, Raquel Liberman contactó con un comisario de policía. Este comisario de policía, Julio Alsogaray, apoyó a Liberman para que ésta llevara su denuncia ante el Juez Manuel Rodríguez Ocampo, que acabó dictando procesamiento y prisión preventiva contra 108 miembros de la Zwi Migdal.

Pese a la denuncia y el papel protagonista de Raquel Liberman en el desmantelamiento de la Zwi Migdal, hay autores que sostienen que dicho desmantelamiento no hubiera sido posible sin la creciente corriente antisemita que sacudía durante aquellos años Argentina. A pesar de ello, los poderosos líderes de la organización apelaron la sentencia judicial y quedaron en libertad. La Cámara de Apelaciones sólo consintió en que fueran encarcelados preventivamente tres integrantes secundarios de la Zwi Migdal.

Más allá de los diversos libros escritos sobre el tema, y entre los que podemos encontrar el escrito por el propio comisario Alsogaray, Florencia Mujica y Daniel Najenson han estrenado este año un documental, Impuros, que trata sobre la Zwi Migdal.