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“El viaje de Chihiro”, ¿una alegoría de la prostitución infantil?

Ni Hayao Miyazaki, el famoso director y productor japonés de cine anime, ilustrador y dibujantes de mangas se ha atrevido a negarlo. Sí: una de sus grandes creaciones, El viaje de Chihiro (primera película anime en ganar un Oscar a la mejor animación), podría ser una especie de alegoría de la prostitución infantil. Galardonada con más de una treintena de premios (entre ellos cuatro permios Annie y el Oso de Oro de la Berlinale, ex aequo con Domingo sangriente), El viaje de Chihiro (2001) cuenta el viaje de la protagonista hacia el reino de los espíritus. En cierto modo, y según señalaron muchos críticos en su momento, la temática de El viaje de Chihiro podría compararse a la de Alicia en el país de las maravillas, es decir: el paso de la infancia a la juventud simbolizado en un viaje por un mundo alternativo.

Algunos analistas de esta película han señalado que, más allá de ser una metáfora sobre el ecologismo y la inocencia propia de la infancia, El viaje de Chihiro es, también, una alegoría de la prostitución infantil. El mismo argumento de la película lo dejaría bien claro. Este laureado film anime narra la historia de Chihiro, una niña de diez años que, atrapada en un mundo del que no puede escapar y que la mantiene lejos de sus progenitores, necesitará un trabajo que le permita desarrollarse como persona y que le dé la capacidad de volar lejos de ese mundo que la tiene atrapada. El trabajo “liberador” se lo proporciona Haku, un muchacho extraño y un poco mayor que Chihiro. ¿En qué consiste ese trabajo? En prestar sus servicios en una casa de baños termales. Sin duda, no extraña que un argumento así pueda hacer pensar en lo más prototípico y estereotipado del mundo que envuelve a la prostitución infantil.

Cuando ha sido preguntado sobre la relación de este argumento con la prostitución infantil o con algo que tenga que ver, de manera más o menos directa, con lo sexual, Hayao Miyazaki, lejos de negar cualquier tipo de relación, ha dicho cosas como la siguiente: “la sociedad japonesa está claramente marcada por el sexo. De hecho”, ha sostenido Miyazaki, “creo que la forma más adecuada para simbolizar el mundo moderno es la industria del sexo”.

Las casas de baños termales japonesas no deberían ser entendidas obligatoriamente en la actualidad como burdeles. En Japón abundan estas casas de baños termales y su existencia no siempre tiene que ver con la prestación de servicios sexuales. La cultura oriental es hedonista por naturaleza y su hedonismo tiene que ver con algo más que con el sexo: tiene que ver con lo sensual, con el disfrute de lo leve, con lo placentero para los sentidos. Sin embargo, al hablar de las casas de baños termales japonesas no debe obviarse un detalle: durante el período Edo (1603-1868) decir casa de baño era decir prostíbulo.

En las casas de baño/prostíbulos del período Edo trabajaban las yuna, unas mujeres encargadas de lavar y peinar los cabellos de los hombres antes de proporcionarles un completo servicio erótico. A la mujer que enseñaba a las yunas su oficio y que se encargaba de controlarlas (es decir, a las madame del prostíbulo) se las llamaba yubaba. Y Yubaba es, precisamente, el nombre de uno de los personajes principales de El viaje de Chihiro. En el film de Miyazaki, Yubaba es la mujer que organiza “el balneario de los Dioses”, un lugar al que sólo acuden hombres y especies amorfas de las que resulta imposible averiguar el género y que podrían recordarnos a las que aparecen en muchas ilustraciones propias del género hentai.

Otro de los paralelismos que nos pueden empujar a pensar en El viaje de Chihiro como en una alegoría de la prostitución tiene que ver con el tratamiento que las yunas recibían dentro del prostíbulo/balneario y el que recibe Chihiro dentro de la casa de baños termales a la que va a trabajar. Si a las yunas se les desposeía del nombre dentro del prostíbulo, a Chihiro se le cambia el suyo por el de Sen. Sen, en japonés, significa mil. Pero sen no sólo significa mil. Sen es una palabra polisémica, tiene varios significados, y, en una época de la historia del Japón, con esa palabra se denominaba a las prostitutas de rango inferior.

La liberación de Chihiro de ese ambiente que parece tener resonancias prostibularias se produce cuando, pese a madurar observando los peligros de ese extraño y claustrofóbico mundo que es el del balneario en el que se ve obligada a trabajar, recupera la candidez propia de la infancia y consigue, por tanto y en cierto modo, volver a ser la niña que había sido.

Las teorías y análisis sobre la relación alegórica entre El viaje de Chihiro y la prostitución infantil están recogidas por el escritor español especializado en temas japoneses Juan Manuel Corral en su obra Hayao Miyazaki e Isao Takahata: vida y obra de los cerebros de Studio Ghibli, un libro editado por Dolmen Editorial.