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Estrategia del Ayuntamiento de Barcelona para acompañar a prostitutas explotadas

2017 será el año en el que se pondrá en marcha en Barcelona una unidad municipal de tráfico de personas. Esta unidad deberá servir para prestar asesoramiento completo, tanto social como legal y psicológico, a aquellas prostitutas que, ejerciendo su oficio en la ciudad, denuncien ante las autoridades el hecho de ser explotadas.

La primera misión de esta unidad de nueva creación será, en palabras del intendente Benito Granados, responsable del distrito de Ciutat Vella y según se recoge en una entrevista de la agencia de noticias Europa Press, la de hacer que la víctima de la explotación sexual recupere su autoestima y se encuentre en posición de decidir por sí misma.

El acompañamiento prestado por la referida unidad municipal de tráfico de personas durará desde que se presente la denuncia hasta que la víctima preste declaración como testigo en el juicio oral que contra sus explotadores se celebre. Con este acompañamiento se pretende conseguir que las trabajadoras sexuales que presenten denuncia contra sus explotadores acaben, finalmente, declarando en juicio oral, algo que no acostumbra a suceder. La duración de la instrucción hace que, durante ese tiempo y pese a su condición de testigos protegidos, muchas de esas denunciantes acaben recibiendo presiones o amenazas que, o bien las afectan a ellas directamente, o bien afectan a sus familias en sus países de orígenes.

Para evitar que esto suceda, la Guardia Urbana intenta que la primera declaración de la mujer se convierta en lo que se conoce como prueba preconstituida. De ser considerada así la primera declaración de la víctima, ésta no necesitaría volver a comparecer ante las autoridades judiciales y no tendría que pasar de nuevo por el mal trago de contar su experiencia como mujer explotada sexualmente.

En la actualidad, la Guardia Urbana cuenta con un grupo especializado en el tráfico y explotación sexual de mujeres. Este grupo realiza un intenso trabajo de seguimiento para, sobre el terreno, detectar posibles víctimas y, en la medida de lo posible, ganarse su confianza. Hacer que esas mujeres se sientan en un entorno seguro es el objetivo primero de dicho grupo especializado de la Guardia Urbana para, gracias a ello, conseguir que esas mujeres decidan dar un paso adelante y denuncien a sus explotadores.

Este grupo especializado de la Guardia Urbana para el tráfico de mujeres lleva diez años trabajando. En ese tiempo, este grupo especializado ha detenido, según cifras aportadas por Europa Press, a 269 proxenetas. Sólo durante el 2016, y en cuatro operaciones, se detuvieron en Barcelona a una treintena de personas relacionadas con la explotación sexual de la mujer.

El trabajo llevado a cabo por este grupo especializado ha hecho que cambie el perfil de las redes de proxenetismo en Barcelona. Si antes éstas tenían una estructura claramente piramidal y tenían bajo su control a un gran número de mujeres, ahora la explotación sexual en Barcelona se sostiene mayoritariamente sobre “pequeñas células de explotación individual donde une explotador tienen dependiendo de él a una o dos personas”. Los proxenetas han constatado que es mucho más sencillo pasar desapercibidos actuando en estructuras más discretas y pequeñas. Además, y según se resalta en la información de Europa Press, los mandos policiales sostienen que ha variado notablemente el método de captación de las víctimas. Más allá del uso de la violencia, son muchos los casos en los que se constata el empleo de la técnica del enamoramiento. El proxeneta enamora a la víctima para después explotarla. De este sistema de captación de víctimas de la explotación sexual ya hablamos cuando dedicamos en este blog un post al fenómeno de los loverboy.

Los últimos datos de esta unidad policial contra el tráfico y explotación de mujeres hablan de un total de entre 70 y 90 mujeres nigerianas ejerciendo la prostitución en la zona de La Rambla o en el Port Olímpic y de una treintena de mujeres explotadas sexualmente de nacionalidad rumana en la zona de la llamada Illa Robadors, en el Raval.