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Cae la mayor red de prostitución rumana de la UE

La principal red rumana de prostitución de la Unión Europea ha caído y lo ha hecho tras la detención de siete personas en territorio español (3 en Madrid, 2 en Marbella y 2 en Oviedo) y de cuatro más en Rumanía. Entre los detenidos en esta operación policial que se ha desarrollado de forma simultánea en varias ciudades españolas y rumanas se encuentra “Becu”, el presunto líder de esta red extendía sus actividades a Alemania, Países Bajos, República Checa y Rumanía.

La operación policial, que es el resultado de unas investigaciones judiciales que se iniciaron en noviembre de 2015 y que ha sido coordinada por Europol y Eurojust y realizada por agentes de la Policía Nacional española y la policía rumana, se ha basado en doce registros. En dichos registros se intervinieron dos pistolas detonadoras, varias catanas, vehículos de alta gama y más de diez mil euros.

La red de prostitución rumana desmantelada captaba a las mujeres que eran explotadas sexualmente a partir del método conocido como lover boy. Como vimos en el artículo que dedicamos a este método de captación de prostitutas explotadas sexualmente, el captador simula una relación sentimental para, en un momento dado, instrumentalizar la necesidad de conseguir ingresos hasta empujar a la mujer a ejercer la prostitución para conseguir dichos ingresos. Las mujeres captadas, llegadas a ese punto, debían enfrentarse a la imposibilidad de huir. Para que no lo hicieran, las mujeres captadas por la red de prostitución rumana desmantelada eran amenazadas. La coacción servía así a la red para mantener un número de prostitutas suficiente como para garantizar la pervivencia de la red y su carácter lucrativo.

Las investigaciones han revelado que, en algunos casos, la organización rumana de trata financiaba intervenciones estéticas para aumentar el atractivo de las víctimas y, así, incrementar los ingresos.

La organización desmantelada no sólo tenía a mujeres trabajando directamente para ella. También explotaba a mujeres que trabajaban en la calle a cambio de protección. Lo que la organización cobraba a estas mujeres era entre 100 y 300 euros semanales. Los factores que hacían variar las tasas a pagar por las explotadas eran la edad, su físico y la valoración del potencial de cada una de ellas a la hora de generar ingresos. Al mismo tiempo, las chicas eran amenazas por la organización criminal desmantelada para que acudieran a trabajar durante más horas al polígono para, gracias a ello, obtener unos ingresos mayores.

Al mismo tiempo, y más allá del negocio de la prostitución, la red rumana de trata de mujeres desmantelada extorsionaba y coaccionaba a diferentes empresarios rumanos establecidos en España así como a delincuentes rumanos dedicados a delitos contra el patrimonio. A los primeros se les coaccionaba para recibir una supuesta protección. A los segundos se les cobraba para, en virtud de ese cobro, dejarles actuar en las diferentes zonas de influencia de la organización mafiosa. El no pagar dicho “impuesto” acarreaba un riesgo: el de ser apaleado por alguno de los matones de la red criminal desmantelada.

La organización de trata de mujeres desmantelada por esta operación conjunta de las policías española y rumana contaba con diversas estructuras ubicadas en Rumanía y destinadas a blanquear los capitales generados por los negocios controlados por la red.