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La prostituta en la literatura

Por mucho que se diga, el de prostituta no es el oficio más viejo del mundo. Seguramente la agricultura nació mucho antes. Pero el tópico se ha instalado y lo cierto es que no existe época histórica estudiada de la que no se tenga constancia, de un modo u otro, de la existencia de mujeres dedicadas a la prostitución. Lo hemos podido comprobar en algunos de los artículos que hemos dedicado en este blog a la historia de la prostitución. Había prostitutas en Egipto y en Grecia, en Roma y durante la Edad Media, en la Europa moderna y en la Rusia pre-revolucionaria.

Esa presencia constante de la prostituta en la vida diaria durante toda la Historia estudiada y conocida no podía dejar de tener su plasmación en una de las artes que más ha servido para dar cuenta de lo que es la vida y lo que es el día a día de personas y sociedades: la literatura.

Son muchas las obras literarias que a lo largo de la historia se han encargado de contar la vida de alguna prostituta o que han incluido entre sus personajes a alguna profesional del sexo. En este artículo vamos a hacer un listado de las más famosas prostitutas literarias para, con ello, intentar completar un poco más ese retrato diacrónico que venimos haciendo últimamente de la figura de la prostituta.

La Celestina es, seguramente una obra emblemática en este sentido. Con ese nombre se ha popularizado desde que fuera escrita allá por el siglo XV la obra que, atribuida a Fernando de Rojas, tenía el título original de Tragicomedia de Calisto y Melibea. Celestina, el personaje inmortal de esta novela, vieja prostituta y alcahueta con mucho de hechicera, ha pasado a la historia como la mujer experimentada que se ocupa de organizar citas a las parejas inexpertas. Que el propio nombre de Celestina se acabara convirtiendo en sinónimo de alcahueta da cuenta de la importancia de esta novela.

La Celestina no es la única obra de la época que incluye a prostitutas entre sus personajes. Un siglo antes, El Decamerón de Bocaccio o Los cuentos de Canterbury del inglés Geoffrey Chaucer ya las habían incluido entre sus páginas.

A partir de entonces, las prostitutas aparecerían en novelas de mayor o menor prestigio y más o menos famosas, y algunas de esas prostitutas se convertirían en personajes eternos de la historia de la literatura. Entre esas prostitutas literarias que han conseguido vencer al paso de los años encontramos las siguientes:

– Juliette. Éste es el nombre de la protagonista de una de las más famosas novelas del Marqués de Sade, Juliette o las prosperidades del vicio. Hermana de la virtuosa Justine (protagonista principal de Justine o los infortunios de la virtud), Juliette decide desde bien joven empezar a trabajar en un burdel. El discurso amoral de Sade sirve para demostrar cómo el vicio sirve para prosperar y obtener ventajas mientras que la virtud es aplastada por la realidad.

– Nana. Ése es el apodo de Anné Copeau, la protagonista de Nana, una novela publicada en 1880 y escrita por el escritor naturalista francés Émile Zola. Anné Copeau, Nana, es una actriz de variedades que se sirve de su belleza para conseguir de los hombres aquello que desea. Nana colecciona amantes y gracias a ello puede gozar de una vida llena de lujos y fortuna. La de Zola es una mirada marcadamente moralista. Tan moralista, que Nana acaba muriendo de viruela, alejada de todos los lujos que la habían acompañado en vida.

– Margarita Gautier. Ése es el nombre de la protagonista de La dama de las camelias. En esta novela, editada en 1848, Alejandro Dumas cuenta la historia de una cortesana muy conocida entre la clase alta de París. Margarita Gautier acude a los eventos con un ramo de camelias que, dependiendo de su disponibilidad, son de color rojo o blanco. En uno de esos encuentros conoce a Armando Duval, que se irá desvelando como un arrebatado enamorado. La mirada de Dumas sobre esa inolvidable prostituta literaria que es Margarita Gautier es más benévola y cómplice que la de Zola sobre Nana. Eso sí: esa benevolencia no sirve para librarla de la muerte. Margarita Gautier también muere a causa de una enfermedad, en este caso la tisis.

– Santa. El nombre de esta prostituta literaria sirve también para dar título a una novela, en este caso del autor mexicano Federico Gamboa. Editada en 1903, Santa está ambientada en los últimos años de lo que se conoce como Porfiriato, es decir, el período en que fue presidente Porfirio Díaz, el militar que fue derrotado por la Revolución mexicana de Pancho Villa y Emiliano Zapata. Santa, una joven de 19 años que es humillada por su familia, llega a Ciudad de México para ganarse la vida. Para hacerlo, y por recomendación de una amiga, entra a trabajar en una casa de citas. Allí se convierte en la favorita de los clientes, lo que le acarrea la envidia de sus compañeras de burdel. La novela, tras muchas idas y venidas, acaba narrando el progresivo deterioro físico de Santa. Ésta va pasando de burdel en burdel, cada vez de peor condición. Finalmente, y al igual que sucediera con Nana o con Margarita Gautier, Santa fallece debido a la evolución de una enfermedad.

– Delgadina. De entre las prostitutas literarias más famosas de la historia de la Literatura ésta es probablemente la más caribeña de todas. Delgadina es la protagonista de Memoria de mis putas tristes, obra publicada en 2004 por el Nobel colombiano Gabriel García Márquez y en la que cuenta cómo un hombre octogenario que está haciendo balance de su vida solicita pasar la noche con Delgadina, una chica pobre que se prostituye para alimentar a su familia. Entre Delgadina y el octogenario se irá forjando poco a poco una relación que irá más allá de la simple relación entre una prostituta y su cliente.

Junto a estas prostitutas literarias hay que distinguir otras como pueden ser la Grúshenka de Los hermanos Karamazov (Dostoyevski), la Tránsito de La casa de los espíritus (Isabel Allende), la Olga Arellano de Pantaleón y las visitadoras (Vargas Llosa), la Adriana de La Romana (Moravia) o la Larissa de Ilona llega con la lluvia (Álvaro Mutis). Cualquiera de estas novelas son grandes novelas. Leerlas puede servir, también, para acercarse a la visión que sobre la prostituta y su oficio se ha tenido a lo largo de la Historia.