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Rusia presiona a las prostitutas por los Mundiales

Los prostíbulos cerrados por orden gubernativa. Eso es lo que se han encontrado quienes han acudido al Mundial de Fútbol de Rusia. Sólo han abierto aquellos prostíbulos que cuentan con protección policial y los que, de alguna manera, entregan una parte de sus beneficios a las autoridades. Así, al menos, es como lo ha contado Irina Maslova a la Agencia France Press. Irina Maslova, directora de Serebriannaya Rosa, asociación de defensa de los derechos de las mujeres que ejercen la prostitución en Rusia, ha destacado cómo son muchas las prostitutas que, para evitar la fuerte presión policial, se han alejado de los lugares en los que se está celebrando el Mundial.

Las duras medidas de las autoridades rusas contra las prostitutas de su país no son nuevas. Pese a haberlas catalogado como “las mejores prostitutas del mundo”, Vladimir Putin lleva varios años impulsando políticas que, de una manera u otra, forzaban a las trabajadoras del sexo a pasar a la clandestinidad. Y es que la prostitución, al contrario que sucede con los clubs de estriptis, que han esperado con los brazos abiertos la inauguración del Mundial, es, de por sí, ilegal en Rusia.

El número de prostitutas que ejercían su profesión por las calles de las principales ciudades rusas aumentó de manera significativa durante la década de los noventa del siglo pasado. El empobrecimiento de una parte de la población tras la caída de la Unión Soviética y la liberalización social hizo que se incrementara de manera significativa el número de prostitutas. La crisis financiera de 2014, sin embargo, hizo que se redujera la demanda de servicios de prostitución y que éstos, además, se prestaran por una tarifa menor.

La crisis también trajo una reducción de los sueldos de las bailarinas de estriptis. Si hace unos años las bailarinas de estriptis cobraban en Rusia salarios que oscilaban entre los 4.200 y los 8.500 euros, en la actualidad esos salarios apenas superan los 4.200 y, en su escala más baja, rondan los 1.700. La caída de la moneda rusa tras las sanciones occidentales a Rusia tras la anexión de la península de Crimea hizo afectó de un modo negativo a toda la economía rusa y, por ello, también al sector de los clubs de estriptis. Por eso son muchos los que han estado esperando que el Mundial de Fútbol se haya convertido en una inmejorable oportunidad de negocio.

Quien también ha concebido el Mundial de Fútbol como una oportunidad única de negocio es Dmitri Alexandrov, propietario de la primera franquicia del barcelonés Lumidolls Sex Hotel. Alexandrov ofrece a los clientes de su prostíbulo de muñecas realísticas la oportunidad de disfrutar de las prestaciones eróticas de una muñeca de silicona por 5.000 rublos (70 euros). Alexandrov tiene previsto vestir a sus muñecas con la camiseta del país de su cliente. La franquicia abierta por Alexandrov lleva la siguiente inscripción: “primer prostíbulo legal de Rusia”.

Rusia quiere proyectar al exterior una imagen más limpia, por eso va a incidir en una política de represión de la prostitución en Rusia que ya se pudo constatar durante la celebración de dos eventos de muy distinto rango: la celebración, en 2003, del 300 aniversario de San Petersburgo y los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 en Sochi. Irina Maslova, por ejemplo, y al igual que otras prostitutas rusas, fue aislada durante 48 horas durante la celebración del aniversario de San Petersburgo. En el caso de los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi (ciudad ubicada al sur de Rusia, a orillas del mar Negro), las multas impuestas a las prostitutas se endurecieron y algunas de las trabajadoras eróticas fueron encarceladas durante todo el tiempo que duraron los Juegos.