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La prostitución en el Far West

El mundo del Far West fue un mundo en el que imperaba, como en tantas ocasiones en la historia, una doble moral. Por un lado el del Far West o Lejano Oeste era una sociedad en la que abundaban los buscadores de fortuna y los bandidos (lo que implicaba la proliferación de asesinatos, robos y violaciones) y por otro era el reflejo directo del puritanismo anglosajón que a aquellas tierras habían llevado los primeros colonos. Si, por un lado, se criticaba desde el ámbito de la moral el que pudieran mantenerse relaciones sexuales fuera del matrimonio; por otro se consumía de manera masiva alcohol y, por supuesto, prostitución.

No es posible realizar un retrato del Far West sin hablar de la prostitución. El hecho de que durante las primeras décadas de la colonización el porcentaje de mujeres fuera sólo del 10% explica no sólo que la prostitución estuviera muy presente en la vida cotidiana del Lejano Oeste. También explica ciertas relajaciones respecto a lo que se ha dado en llamar “consideraciones de género”. ¿Qué queremos decir con ello? Que más allá de la imagen del vaquero tremendamente viril y absolutamente heterosexual que nos ha mostrado el mundo del cine, lo cierto es que, tal y como apuntan algunos historiadores que se han dedicado al estudio de la época, los comportamientos homoeróticos estaban más a la orden del día de lo que nos podemos pensar. Eso sí: el que algunos (bastantes) hombres asumieran un rol tradicionalmente femenino dentro de colectividades como las mineras o que los míticos cowboys (en la realidad y en su mayor parte adolescentes sin recursos) fueran obligados por muchos terratenientes y ganaderos, faltos de mujeres, a mantener con ellos relaciones homosexuales, no impedía que la doble moral imperante en aquella dura sociedad condenara incluso penalmente la homosexualidad activa con castigos y penas bastante severas.

La mayor parte de esos comportamientos homoeróticos o, directamente, homosexuales, eran fruto en gran medida de la falta de mujeres. En una sociedad así, pues, no es de extrañar que la prostitución adquiriese una importancia capital. El cine ha intentado dejar huella de ello. Pero el cine, no hay que olvidarlo nunca, cine es, y por eso plasma las realidades a su manera. El mundo de la prostitución en el Lejano Oeste fue un mundo sucio, sórdido y lleno de miseria.

En el Far West, igual que en toda época histórica, se podían encontrar prostitutas de muy diversa clase. Se podían encontrar prostitutas que trabajaban en pequeñas casas de una sola habitación, prostitutas que ejercían su oficio en la calle y prostitutas que formaban parte de la “nómina” de prestigiosos y “lujosos” burdeles que podían encontrarse en las ciudades y pueblos del Lejano Oeste. De entre estas últimas cabe distinguir los nombres de dos famosas prostitutas: Julia Bulette, de la que ya hemos hablado en este blog, y Rosa May.

La mayor parte de las prostitutas del Far West eran, como puede imaginarse, mujeres analfabetas cuyo precio, una vez en el mercado, variaba según varios factores: su edad, su belleza, su nacionalidad o su origen étnico. En las ciudades fronterizas, el trabajo y la vida de las prostitutas del Lejano Oeste se hacía especialmente dura. Hay estudios que hablan de múltiples suicidios, de violaciones, de violencia indiscriminada contra ellas, de drogadicción… Sin duda, las prostitutas del Far West no pueden ser consideradas, en modo alguno, las prostitutas más felices de la historia. No importa que el cine muestre, en muchas ocasiones, una visión jovial y desenfadada de las prostitutas del Lejano Oeste. Éstas debían bregar en su día a día no sólo con una caterva de delincuentes conflictivos y marginales. También debían hacerlo con dos grandes factores que, habiendo estado siempre presentes en la historia de la prostitución, en ese tiempo adquirieron una relevancia fundamental: las enfermedades de transmisión sexual (ETS) y los embarazos no deseados. En los años del Far West ya existían los condones, pero era difícil acceder a ellos y, además, su precio era absolutamente prohibitivo. Así, los contagios e infecciones estaban a la orden del día.

Por su parte, los embarazos no deseados daban lugar a dos fenómenos: la proliferación de abortos (realizados en su mayor parte mediante el uso de remedios abortivos de origen vegetal) y la proliferación de infanticidios (las prostitutas, que habían ejercido su profesión durante casi todo el embarazo, se desembarazaban de sus hijos nada más nacer). Junto a estos dos fenómenos hay que resaltar también el elevado índice de mujeres que fallecían durante el parto. Sin duda, el mundo de la prostitución en el Lejano Oeste no era el mejor de los mundos.