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Se presenta un libro sobre la historia de la prostitución en Valladolid

De la mancebía al club de alterne. Ése es el título que el periodista José Miguel Ortega ha dado a su última obra, un repaso histórico sobre la historia de la prostitución en la ciudad de Valladolid durante los últimos siete siglos. Ortega, que antes había investigado sobre los viejos cafés y las tabernas históricas, así como sobre los hoteles y posadas de Valladolid, lo hace ahora sobre sus viejas casas de citas, sus mancebías, sus clubs de alterne y sus puticlubs. José Miguel Ortega, que se ha convertido en una especie de cronista oficioso de la ciudad castellana, afirma en las páginas de El Norte de Castilla que De la mancebía al club de alterne no pretende ser, en modo alguno, “un libro escabroso ni morboso”, sino un repaso riguroso de lo que ha sido la historia de la prostitución en Valladolid durante los últimos setecientos años.

Para elaborar De la mancebía al club de alterne, José Miguel Ortega se ha basado en el estudio de viejos documentos, así como en el testimonio de prostitutas, clientes y policías.

El germen de De la mancebía al club de alterne se encuentra, al decir de su autor, en la vallisoletana calle Padilla y en sus alrededores, en ese puñado de calles que conforman lo que históricamente se ha conocido como el barrio chino vallisoletano. Fue ahí, en los alrededores de la iglesia de San Martín, donde el periodista fijó primeramente su mirada para intentar mostrar una visión panorámica de cómo había sido la prostitución en Valladolid durante el siglo XX. No en vano, Ortega ya sabía que, antes de la Guerra Civil, tanto la calle Padilla como algunas de sus alrededores se habían convertido en lugar preferencial para el establecimiento de muchos burdeles y para el ejercicio de la prostitución. Al empezar a elaborar su trabajo y constatar que los archivos guardan muchos documentos sobre la vieja ramería de Valladolid, Ortega se dio cuenta de que aquél podía ser más ambicioso y abarcar mucho más tiempo de la historia de Valladolid. No en vano, en dichos archivos Ortega encontró documentos que hablaban de la existencia de la ramería vallisoletana ya en el siglo XIV.

En el siglo XIV, los burdeles vallisoletanos se hallaban ubicados entre dos puertas de la ciudad, la de Teresa Gil y la de Santisteban, en unos terrenos que hoy forman el entorno de la plaza de España y muy cercanos a la calle de Teresa Gil, que era la calle en la que vivían las familias más acomodadas de Valladolid, desde miembros de la nobleza hasta regidores y comerciantes. Estas clases acomodadas, incómodas por la vecindad de las prostitutas, presionaron a Juan II de Castilla para que los prostíbulos y las prostitutas fueran expulsados fuera de las murallas de la ciudad.

La primera mancebía de Valladolid

De entre todos los prostíbulos que a lo largo de esos siete siglos estudiados por José Miguel Ortega en su libro existieron en Valladolid, fue en lo que era la calle del Candil (actual Marina Escobar) donde se estableció el primero del que se tiene noticia. Esta mancebía nació por impulso municipal y con la intención de reunir allí a todas las prostitutas de la ciudad para, así, tener un mejor control sanitario. Esta mancebía, administrada por un tal Juan Barbosa, conocido en toda la ciudad como el “padre putas”, pagaba al municipio, según describe Ortega en De la mancebía al club de alterne, una renta anual de 20.000 maravedíes. Además de eso, este burdel, que contaba con unas treinta mujeres, pagaba también cien misas para una cofradía de la ciudad.

Para poder ejercer su oficio en la mancebía del “padre putas”, las prostitutas debían cumplir una serie de requisitos. El primero es que tuvieran más de 12 años. Aparte de eso, las prostitutas de esta mancebía vallisoletana tenían que ser huérfanas o hijas de padres desconocidos o, en su defecto, haber sido abandonadas o repudiadas por sus familias. Las prostitutas que trabajaban en la mancebía de Juan Barbosa no podían, tampoco, haber nacido en Valladolid, ni ser vírgenes, ni estar casadas, ni, por supuesto, ser judías, mulatas o negras. Finalmente, tampoco podían trabajar en domingos o fiestas de guardar.

Según afirma José Miguel Ortega en De la mancebía al club de alterne, son muchos los datos que nos han llegado de esa famosa mancebía medieval de la que estamos hablando. Conocemos, por ejemplo, sus precios. Sabemos que cobraban más si se usaban sábanas durante la relación que si no se usaban. Sabemos que, al salir a la calle, se las obligaba a vestir sayas de color pardo cortadas a pico en su parte inferior. Sabemos que las prostitutas que prestaban sus servicios en sus casas debían colocar una rama en la puerta de la vivienda.

Ortega explica en su libro que la mayor época de esplendor de esta mancebía fue durante la llegada a la ciudad de la corte del rey Carlos I. Regentado por un religioso, fray Felipe, el lupanar vivió en esa época sus mejores días. En 1553, en víspera del Domingo de Ramos, la mancebía fue atacada por un grupo de clérigos. Estos, tras expulsar de ellas a las prostitutas que allí ejercían su oficio, convirtieron la mancebía en un hospital de pobres. Tras este desalojo, las prostitutas de Valladolid fueron probando diferentes lugares en los que establecerse.

En 1623, Felipe IV, y con una orden que afectaba a todo el país, decretó el cierre de los burdeles. Las prostitutas que en ellos trabajaban se vieron así obligadas a ejercer su oficio en la calle y también en determinadas ventas y posadas.

De la mancebía al club de alterne habla de esos años, de cómo la Inquisición actuaba más contra las alcahuetas y los proxenetas que contra las prostitutas, de la prostitución callejera durante el siglo XIX, de los cabarés de la Segunda República (destacando, entre ellos, el Katiuska), de las casas de alterne de los años 50 y 60 (Florida, Dólar, Tánger, Texas, Sevilla, Pasapoga…), del Villa Nati (mencionado por Francisco Umbral en alguna de sus obras), de La Lucy, de cómo, en el punto álgido del “puterío” en la ciudad, Valladolid llegó a tener hasta 34 puticlubs. Finalmente, Ortega finaliza su obra con datos actuales. Según datos recogidos por el autor de De la mancebía al club de alterne y plasmados en el artículo q ue le dedica El Norte de Castilla, en Valladolid existen actualmente unos 40 pisos de citas (con entre 90 y 100 prostitutas), diez clubs nocturnos (en los que ejercerían su profesión alrededor de 70 trabajadoras sexuales) y otros tantos hoteles de carretera. A esos puntos en los que actualmente se ejerce la prostitución en Valladolid habría que añadir la carretera de Esgueva.