Sexhop Online

La prostitución en la época victoriana

El siglo XIX, en Inglaterra, fue el siglo de la reina Victoria. No en vano, esta famosa reina británica empezó a reinar en 1837 y no dejó de hacerlo hasta su muerte, acaecida en enero de 1901. A todo ese largo período que abarca seis décadas se le ha llamado tradicionalmente “época victoriana”. Durante ese período Gran Bretaña se convirtió en la primera potencia mundial. La prosperidad de su economía, los efectos de su revolución industrial y la extensión de su imperio colonial hizo que fuera así.

Esa prosperidad económica de la época victoriana hizo que, en líneas generales, se favorecieron las condiciones de vida de ciertas capas de la sociedad británica. Otras, sin embargo, siguieron viviendo en duras condiciones. Basta nombrar las larguísimas jornadas laborales de hasta 14 horas en fábricas en las que se trabajaba, en muchas ocasiones, en condiciones infrahumanas y comparar ese tipo de vida con el de los miembros de la upper class (formada por la nobleza y la alta burguesía capitalista dueña de negocios e industrias) e, incluso, con el de la middle class (comerciantes, altos funcionarios, profesionales liberales, etc.) para poder hacernos una idea de hasta qué punto las desigualdades y los contrastes eran importantes en la sociedad victoriana.

La clase media adquiere una gran importancia en la sociedad victoriana. En cierto modo, es ella quien adopta los principios puritanos que caracterizan lo que se ha conocido como moral victoriana. Austeros económicamente y metódicos en lo religioso, los miembros de esta middle class victoriana son eminentemente conservadores en lo político y defensores de llevar una vida discreta y ordenada. Al menos en apariencia. Y es que la sociedad victoriana es la sociedad en el que aparentar cuenta más que el ser. Esencialmente hipócrita, la sociedad victoriana es la sociedad de los sepulcros blanqueados, de los hombres que muestran al exterior una fachada que oculta un sinfín de pecados inconfesables, de los hombres que, reprimidos en la vida diaria, buscaban dónde desahogar sus deseos sexuales.

Quizás por ello en la Inglaterra victoriana existían más burdeles que escuelas y se habla de más de 80.000 prostitutas en las calles y prostíbulos de Londres. Después de todo, en una sociedad en la que amplias capas de la sociedad vivía en unas condiciones paupérrimas, la prostitución en la sociedad victoriana, como en tantas sociedades a lo largo de la Historia, se ofrecía como una solución para mejorar el nivel económico de las mujeres que lo ejercían. Se ganara poco o mucho ejerciéndola, siempre se ganaba más que trabajando doce, trece o catorce horas en alguna de las fábricas de la época.

Tipos de prostitutas en la Inglaterra victoriana

Entre las mujeres que ejercían la prostitución en la Londres victoriana encontramos diversos tipos: las que trabajaban en burdeles (que vivían en condiciones muy lamentables y debían acostarse con aquellos hombres con los que decidiera la madame); las que, de manera independiente, trabajaban en sus apartamentos o en la calle; y las que, por decirlo de algún modo, engrosaban las filas de la clase alta de la prostitución en la época victoriana. Estas últimas eran mujeres muy hermosas y con la educación suficiente como para codearse con clientes muy exclusivos y exigentes. Estas prostitutas vendrían a ser escorts de alto standing que prestaban sus exclusivos servicios a aristócratas y miembros del Parlamento británico y que, en ocasiones, trabajaban en exclusiva para un único cliente.

El cliente de la prostitución en la época victoriana podía disfrutar de muy variados burdeles temáticos. Había burdeles para juegos de rol, para intercambio de papeles y burdeles, también, para homosexuales. En algunos burdeles de la época victoriana se realizaban, también, prácticas BDSM. La flagelación erótica, al parecer, era una práctica muy en boga en muchos prostíbulos victorianos.

Compra de niñas vírgenes

Existían burdeles de la Inglaterra victoriana en los que se podía contratar los servicios de niñas vírgenes. La obsesión por la virginidad, además de ser fruto de una determinada parafilia, era fruto, también, del temor a contraer enfermedades venéreas. Uno de los primeros periodistas de investigación, W.T.Stead escribió en la revista Pall Mall un artículo impactante en el que contaba cómo resultaba relativamente fácil comprar la virginidad de una niña de 13 años. 5 libras bastaban para comprar a la hija de alguien (habitualmente un padre o una madre alcohólicos) y comprobar, previo examen médico, si era o no virgen. Una parte de esas 5 libras, además, se entregaban a los dueños del burdel a través del cual se conseguía la niña virgen. Stead cuenta cómo los mismos médicos aconsejaban drogar a la niña con cloroformo para, así, mantenerla inconsciente y vencer la resistencia que pudieran oponer a la violación. La lectura de este artículo de Stead sirvió para que la sociedad británica tomara conciencia de esta ignominia y para que los legisladores introdujeran una enmienda en la Ley del Código Penal de 1885 según la cual la edad mínima legal para ejercer la prostitución se establecía en el límite de los 16 años.

Dentro de la sociedad victoriana se podía encontrar también un tipo de prostituta muy especial: las esposas de vendedores ambulantes que acompañaban a sus maridos en la venta ambulante y que ofrecían sus servicios sexuales con el consentimiento del propio marido, que se convertía, así, en una especie de proxeneta.

Publicidad, exámenes médicos y reformatorios

Hablar de la prostitución en la Inglaterra victoriana es hablar, también, de los primeros catálogos publicitarios en los que se anunciaban las diferentes prostitutas y los diferentes prostíbulos londinenses. Estos catálogos venían a ser algo así como una guía del ocio de Londres en la que podrían conocerse la edad de las prostitutas, su descripción física, su personalidad y, por supuesto, su precio. Cuando aún faltaban décadas para que aparecieran webs como la nuestra, las prostitutas de la época victoriana ya habían encontrado la manera de publicitarse con la finalidad de atraer clientela.

Las prostitutas de la época victoriana disfrutaban de la posibilidad de realizarse un examen médico. La Ley de Enfermedades Contagiosas de 1864 impuso la obligatoriedad de los exámenes médicos. Si en uno de estos exámenes se descubría que la prostituta examinada padecía algún tipo de enfermedad venérea (a las siglas ETS le quedaban década para aparecer), ésta era hospitalizada, quisiera o no, por un período máximo de tres meses.

La otra cara de la moneda del tratamiento que las autoridades británicas de la época victoriana daban a las prostitutas son los reformatorios. Que la prostitución en la sociedad victoriana fuera legal no impedía que muchas prostitutas fueran recluidas en estos reformatorios o en prisiones tras haber sido detenidas por embriaguez pública o reunión callejera, supuestos que estaban penalizados por la ley de policía de 1847.

Los reformatorios eran, a menudo, dirigidos por grupos religiosos, y habitualmente eran más temidos que las prisiones. Las obligaciones religiosas (orar cuatro veces al día y asistir a servicios religiosos dos veces por jornada) y los horarios extenuantes (eran levantadas a las cinco de la mañana y realizaban duros trabajos durante más de ocho horas diarias) convertían los reformatorios en lugares detestados por las prostitutas de la Inglaterra victoriana.