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¿Qué fue la prostitución sagrada?

El sexo no siempre fue visto como algo pecaminoso. De hecho, fueron varias las culturas antiguas que encontraron en el sexo un camino para honrar a los dioses. Por eso existía lo que se ha dado en llamar la prostitución sagrada.

La primera mención histórica a la prostitución sagrada podemos encontrarla en Babilonia. En la obra épica antigua más conocida, la llamada Epopeya de Gilgamesh, en la que se cuentan en verso las peripecias y aventuras del tiránico rey Gilgamesh y se incluye el mito mesopotámico del diluvio, podemos encontrar una referencia directa a las ishtaritu.

¿Quiénes eran las ishtaritu? Las ishtaritu eran jóvenes muchachas que, en la cultura babilónica, eran iniciadas en música, canto y danza y se encargaban de cuidar de las necesidades del templo de la diosa Ishtar. Las ishtaritu practicaban la prostitución en el templo y sus actos eran entendidos como un ritual de culto a la que era considerada la diosa de la fecundidad, Ishtar.

Ishtar, diosa babilónica del amor y la belleza, de la vida y la fertilidad, era considerada “la cortesana de los dioses”. Hija del dios de la Luna y de la Luna, Ishtar solía ser representada de pie, desnuda, con las manos sobre el vientre o sujetando sus pechos desnudos. Protectora de las prostitutas y de los amoríos extramatrimoniales, Ishtar recibía la adoración de las ishtaritu de la misma manera que, posteriormente, las recibirían otras diosas del amor como Astarté o Afrodita.

Las prostitutas sagradas, prostitutas templarias (del templo) o prostitutas religiosas cobraban por sus servicios, pero ese dinero no iba destinado a aumentar su fortuna personal, sino a mantener el templo e incrementar su templo. El acto sexual realizado con una prostituta sagrada tenía como finalidad el conseguir una mayor fertilidad para las mujeres de la ciudad y, por tanto, una mayor prosperidad para la misma.

Las ishtaritu tenían horarios fijos de culto y su catálogo de servicios eróticos era muy explícito: sólo se permitía el acto sencillo y directo. O sea: nada de sexo contra natura y nada de sexo oral. En cierto modo, las prostitutas sagradas de la cultura babilónica eran consideradas religiosas, por lo que, fuera del templo, eran consideradas personas honorables.

Las referencias históricas a los templos de Ishtar apuntan también a que los sacerdotes de dichos templos llegaban a practicar la homosexualidad y a bailar, travestidos, en algunos ritos. En dichos templos, y al igual que se practicaba la prostitución sagrada femenina, se practicaba, también, la prostitución masculina sagrada.

Las referencias de Heródoto y Estrabón

Anteriormente a estas prácticas, sin embargo, ya se habían producido otras prácticas de carácter sexual que también se han incluido, tradicionalmente, en el listado de las que son consideradas prácticas propias de la prostitución sagrada. Entre ellas hay que destacar una que se producía en ciertas sociedades matriarcales. En dichas sociedades, todas las mujeres que iban a formar matrimonio debían ser desfloradas por un extranjero (que debía pagar por ello). El desfloramiento debía tener lugar siempre en el templo y a beneficio de la diosa. Esta forma de prostitución tenía, también, un marcado carácter simbólico y sagrado.

De esta forma de prostitución sagrada habló, escandalizado, el gran historiador griego Heródoto cinco siglos antes de C. Heródoto calificó a la práctica anteriormente descrita como “la costumbre más ignominiosa que tienen los babilonios”. Heródoto, al describir la práctica, señalaba que en algunos lugares de Chipre existían costumbres muy parecidas a ésa.

En algunas regiones y localidades de la península de Anatolia tenían lugar, también, algunos rituales en los que las muchachas vírgenes eran consagradas a la divinidad y debían prostituirse hasta conseguir las dotes y los ajuares necesarios para casarse.

Estrabón, el geógrafo e historiador griego, cuenta que los armenios honraban a la persa Anaítis, diosa de las aguas, la fertilidad y la procreación, dedicándole sus hijas para la prostitución sagrada antes de casarlas, y cuenta también que en la Anatolia oriental, en la localidad capadocia de Cómana, existía un gran número de prostitutas que, ejerciendo la prostitución sagrada, honraban a la diosa Ma.

Existen escasos testimonios sobre prostitución sagrada relativos a Cartago, aunque existen textos legendarios que hablan de cómo Elisa, la fundadora de la que había de ser la capital de una de las grandes culturas del Mediterráneo, pasó por Chipre antes de fundar Cartago y ordenó raptar a ochenta vírgenes que estaban destinadas a la prostitución sagrada. Esas ochenta vírgenes debían servir para que los jóvenes pudieran casarse y dieran descendencia a la ciudad que Elisa había de fundar en la costa norte africana.

La prostitución sagrada en Grecia

La prostitución sagrada formó parte, también, aunque no se sabe exactamente en qué grado de intensidad, de la cultura de la antigua Grecia. Siendo Afrodita la diosa relacionada directamente con el placer físico, las prostitutas griegas tuvieron un papel destacado en los rituales de homenaje a esta diosa. Las prostitutas griegas, por ejemplo, participaban activamente en las Afrodisias (fiestas que se celebraban en honor de la diosa), y se sabe que algunos templos dedicados a Afrodita tenían a prostitutas sagradas como sacerdotisas. Las relaciones sexuales con estas prostitutas eran entendidas como actos de culto. En esos actos, las prostitutas que ejercían la prostitución sagrada actuaban como mediadoras del poder de Afrodita.

Si en algún lugar de la Grecia continental tuvo importancia la prostitución sagrada ese lugar fue Corinto. Corinto, ciudad portuaria con gran tráfico de viajeros y mercancías, fue una ciudad con fama de disoluta. Corinto era la capital del lujo y la prostitución. Eran muchas las prostitutas laicas y muchas, también, las prostitución que ejercían la prostitución sagrada o una forma de prostitución que, si no estaba ligada a un ritual religioso específico, sí lo estaba, de alguna manera, al templo. Estrabón llega a hablar en su obra de la existencia de más de mil prostitutas religiosas en Corinto. Algunos años después, el mismísimo Pablo de Tarso, al escribir a la comunidad cristiana de Corinto, alertaba a dicha comunidad contra la inmoralidad propia de la ciudad griega.

En la actualidad aún pueden encontrarse en algunos rincones de la India prácticas relacionadas con la prostitución sagrada. Las devadasi indias dedican su vida a servir a la diosa Yellamma y aunque la India prohibió la consagración de devadasis en 1988, se calcula que aún existen más de cien mil devadasis dedicadas a la prostitución en toda la India. A la figura de las devadasis dedicaremos próximamente uno de nuestros artículos.