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La prostitución en la Rusia pre-revolucionaria

Todos los momentos históricos son irrepetibles, pero hay algunos que son más irrepetibles que otros. Los años pre-revolucionarios sería uno de esos momentos. Fijar la mirada sobre tiempos pre-revolucionarios siempre resulta apasionante. En ellos se mezclan, de manera no siempre discernible, lo que está a punto de dejar de ser y lo que, empezándose a intuir, aún no acaba de serlo del todo.

En esta ocasión, y con la intención de seguir mostrando diferentes estampas de lo que ha sido la prostitución y de cómo se ha ejercido a lo largo de los siglos, vamos a fijar nuestra mirada sobre los años que precedieron a la revolución rusa y a la llegada de Lenin al poder.

Burdeles oficiales y prostitutas de cartilla

La Rusia pre-revolucionaria era una Rusia en la que la prostitución iba íntimamente ligada al concepto de burdel oficial. Éste, que había aparecido a mediados del siglo XIX en San Petersburgo, estaba regentado por la matrona. La matrona, que acostumbraba a ser una mujer de entre 30 y 60 años, vivía en el burdel y era la encargada de velar por el cumplimento de las normas del mismo. La matrona se encargaba de gestionar el burdel, de cuidar de la higiene de las chicas que en él trabajaran, de registrar a las mujeres en el comité policial-sanitario que a tal fin fue creado en 1843 y de cobrar la parte correspondiente de cada servicio de las prostitutas que trabajaban en el burdel. Según parece, la matrona se quedaba con las tres cuartas partes del dinero recaudado por cada servicio. La prostituta que lo había realizado se quedaba con la parte restante.

Las prostitutas de la Rusia pre-revolucionaria vivían en una situación cercana a la esclavitud. Esta situación quedó levemente aliviada cuando el gobierno introdujo los libros de cuentas en los prostíbulos. Gracias a ello, las prostitutas que poseían cartilla pudieron ganar algo más de dinero y, a la vez, liberarse un tanto del yugo todopoderoso de la matrona. Las prostitutas de cartilla eran aquéllas que, al ser registradas, adquirían una cartilla amarilla que venía a sustituir el pasaporte que les había sido retirada. Al ser registradas, estas prostitutas quedaban empadronadas en un burdel oficial en concreto y contraían una obligación: la de pasar exámenes médicos de manera regular.

Prostitutas de cédula en blanco

La prostitución de cartilla no era, sin embargo, la única forma de prostitución en la Rusia pre-revolucionaria. Existían prostitutas que no estaban agregadas a casa alguna de tolerancia. A estas prostitutas se las llamaba prostitutas en blanco porque disponían de una cédula en blanco que les era entregada cuando, tras una redada, eran obligadas a registrarse en el comité policial-sanitario.

Las prostitutas de cédula en blanco eran las parias de la prostitución en la Rusia pre-revolucionaria. Por un lado, no tenían autorizado trabajar en el centro de la ciudad. Por otro, debían enfrentarse a dos situaciones nada envidiables: o “pertenecer” a un proxeneta o arriesgar su vida yendo por libre en una ciudad en la que no faltaban las agresiones contra las prostitutas. Sin ir más lejos, hay documentado un buen número de asesinatos de prostitutas de cédula en blanco en San Petersburgo durante el bienio 1908-1910.

Junto a la de las prostitutas de cartilla y a la de las prostitutas de cédula en blanco existía otra forma de ejercer la prostitución en la Rusia pre-revolucionaria: la de las prostitutas “aristócratas”, es decir, la de las prostitutas de lujo de la época. Éstas recibían a sus clientes en lujosos apartamentos y gozaban de una independencia muy envidiada por otras prostitutas de la época.

Prostitutas clandestinas

Más allá de estas formas visibles de prostitución existía una a la que debemos hacer referencia si queremos mostrar un retrato lo más completo posible de la prostitución durante la Rusia pre-revolucionaria. Estamos hablando de las prostitutas que carecían de cartilla y también de cédula en blanco. ¿El número total de ellas? Mucho mayor que el de las prostitutas registradas. Como podemos imaginar, el mercado de esta prostitución clandestina estaba controlado por organizaciones criminales.

Las prostitutas clandestinas, al revés de los que sucedía con las prostitutas de cartilla y las prostitutas de cédula blanca, no pasaban controles médicos. Como se puede imaginar, esto se traducía en un alto porcentaje de enfermedades venéreas. Hay estadísticas que apuntan a que en 1914 el porcentaje de prostitutas que habían contraído la sífilis oscilaba alrededor del 76%.

El estallido de la revolución y el triunfo bolchevique supuso un cambio radical en la legislación sobre prostitución en Rusia: se declaró ilegal la prostitución y se suprimió el comité policial-sanitario. Lógicamente, eso no hizo que la prostitución desapareciera. Como mucho, hizo que la prostitución se ejerciera en circunstancias aún más deplorables que las que habían caracterizado las décadas anteriores. Y es que la prohibición de una cosa no siempre se traduce en la desaparición de ésta.