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Prostitución nigeriana: de Las Ángeles de la Muerte al vudú como extorsión

Entre dos y cinco dólares. Ése es el precio por el que las prostitutas nigerianas infectadas de VIH alquilan su cuerpo. Lo cuenta Guillermina Torresi en un magnífico artículo editado en La Vanguardia. Torresi habla del barrio de Badia (Lagos, Nigeria) y de los prostíbulos en los que estos “Ángeles de la Muerte” ejercen su profesión. Suelos de tablones, cuartos infames, mujeres enfermas que malvenden su cuerpo al tiempo que son víctimas de la violencia de género.

Torresi cita al fotógrafo Ton Koene como “responsable” de que el drama de Las Ángeles de la Muerte sea conocido más allá de los límites de Nigeria. Koene, licenciado en práctica humanitaria por la Universidad de Oxford y colaborador durante dieciséis años de Médicos sin Fronteras en países como Bosnia, Chechenia, Somalia, Angola, Afganistán o Sudán (entre otras), decidió en un momento de su vida hacerse fotógrafo y convertir la fotografía en un instrumento de denuncia que sirviera para plasmar algunos dramas humanitarios como los de estas prostitutas infectadas de VIH nigerianas, la desnutrición somalí o el genocidio de Darfur (zona situada en el Sudán Occidental).

Las magníficas fotografías de este fotógrafo autodidacta han servido para conocer un universo de miseria (la de las prostitutas de Badia) en el que el preservativo brilla por su ausencia y en el que el 80% de los infectados de VIH no tienen acceso a tratamiento médico alguno ni a medida de prevención que pueda impedir que el virus prosiga su expansión. No en vano, casi tres millones de personas padecen el sida en este país africano según apuntan algunas estadísticas.

En Badia hay chicas de 14 años ejerciendo como prostitutas. Cinco clientes al día les proporciona unos ingresos de diez dólares.

Las mujeres que quieren huir de dicho infierno no lo tienen mucho mejor. Hay que tener presente, en ese sentido, que las mujeres nigerianas son algunas de las principales víctimas de trata. Pocos países aportan porcentualmente tantas mujeres a las redes de tráfico internacional como lo hace Nigeria. Miles de mujeres nigerianas son engañadas con la promesa de un futuro mejor en Europa. Torresi señala en su artículo como menores de edad y víctimas de violación son los principales objetivos de quienes obligan a prostituirse a estas mujeres para, así, poder pagar deudas que superan los 45.000 euros.

Rituales vudús para trasladarlas a Europa

El artículo de Torresi nos ha permitido recordar un artículo anterior en el que hablábamos de cómo el vudú se había convertido en algunos casos en un importante instrumento de control sobre las prostitutas nigerianas que, captadas por las redes internacionales, trabajan en nuestro país. A un miembro de estas mafias les basta con poseer algo de vello público, unas gotas de sangre menstrual o un trozo de uña para amenazar y extorsionar a sus víctimas obteniendo de ellas un juramento de obediencia, silencio y fidelidad.

El miedo a la magia negra y a sus efectos (además del temor a algún tipo de represalia sobre los familiares) pesa sobre estas víctimas de una manera determinante. Marcadas por un fuerte sentimiento religioso, el temor al vudú convierte a estas víctimas en víctimas obedientes y sumisas. No en vano, el ritual de juju (magia negra) que sirve para establecer el pacto entre la víctima y sus explotadores es dirigido siempre por un babalawo o sacerdote tradicional nigeriano que, mediante cánticos y el sacrificio de un animal (generalmente una gallina), sella el pacto.

El ritual vudú puede terminar con el sacerdote elaborando un brebaje con ceniza y agua sucia, con la realización de incisiones en el cuerpo de las víctimas que sirvan para introducir hierbas medicinales u otros elementos o con las propias víctimas bañándose desnudas en ríos.

Algo que también suelen solicitar las mafias de trata al realizar estas ceremonias rituales es que las chicas acudan a ellas acompañadas de un “aval personal”. ¿Qué es exactamente un aval personal? Una persona (familiar o no) muy cercana a la víctima. Ésa será la persona en quien se vengará la organización mafiosa si la muchacha incumple el pacto o, llegada a Europa, escapa de algún modo de las redes de la trama que la ha captado.

Una vez establecido el pacto, las muchachas deben trasladarse a Europa. Para llegar a España, por ejemplo, las mujeres captadas en Nigeria para ejercer la prostitución en Europa deben recorrer unos 5.000 kilómetros. Esa distancia la recorren en bus o caminando (según los tramos) y siempre acompañadas por algún miembro de confianza de la trama mafiosa.

Existen dos rutas para llegar a Europa desde Nigeria. Una de ellas (la más cara) llega hasta Marruecos. La otra (la más barata e insegura), tiene como destino Libia. La primera es elegida para trasladar a las prostitutas más jóvenes o de mayor valor. La segunda está destinada a víctimas de mayor edad o de menor valor. Ambos itinerarios, sin embargo, pasan por el desierto del Sahel.

¿Cómo dan el salto a Europa estas mujeres captadas en Nigeria? Si han llegado a Marruecos lo hacen a bordo de lanchas rápidas que tienen como punto de destino la costa andaluza. Si han llegado a Libia, el salto a Europa lo dan a bordo de cargueros, mezcladas entre la mercancía. En este caso, las mujeres nigerianas víctimas de la trata entran en Europa por los puertos italianos.

Podemos pensar que el ser interceptadas por las autoridades implica su inmediata repatriación o su puesta a salvo de estas redes. Nada más lejos de la realidad. Las chicas interceptadas son enviadas a los centros de acogida de emigrantes. No hay que olvidar que las chicas suelen llegar a Europa bien aleccionada por la red de trata que las ha captado. Las chicas saben que deben mentir sobre su identidad y eso implica dos cosas. Una: que acostumbran a decir que son de países como Benin, Sierra Leona o Malawi. Y dos: que suelen pedir asilo político.

La aceptación de dicha circunstancia por las autoridades europeas les permitirá, en algún momento, realizar alguna llamada. Esa llamada será a un número de teléfono que la víctima trae memorizado desde Nigeria y que no es otro que el de la persona que, a la mayor brevedad, las sacará del centro de acogida. Esa persona será, siempre, una mujer, la mami. La mami es la proxeneta en las redes de trata nigerianas. Ella es la que maneja el negocio y ella la que tiene a las prostitutas bajo su control obligándolas a prostituirse siete días a la semana en los lugares en que lo decida la trama. En el citado artículo en el que tratábamos del uso del vudú y del desmantelamiento de una trama de trata en diversas poblaciones del levante español ya tratamos sobre las técnicas de explotación y las circunstancias inhumanas en que dichas mujeres debían ejercer la prostitución.

Como acostumbramos hacer al tratar estos temas, reiteramos una vez más nuestro rechazo a todo tipo de imposición y de coacción sobre ninguna mujer. El ejercicio de la prostitución debe ser, siempre, fruto de la decisión personal de quien decida dedicarse a ella.