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Un libro hace visible la prostitución masculina

Tendemos a caer en el error de asociar el término prostitución a un tipo de prostitución muy determinado: la prostitución femenina. Al hacerlo, nos olvidamos de un tipo de prostitución que, pese a no ser tan visible, también está ahí: la prostitución masculina.

Iván Zaro, trabajador social, ha intentado acabar con la aparente invisibilidad de la prostitución masculina escribiendo La difícil vida fácil: Doce testimonios sobre prostitución masculina, un libro editado por Punto de Vista Editores que, como su propio título indica, recoge el testimonio de doce hombres que, en un momento determinado de su vida, decidieron ejercer la prostitución.

En la obra de Iván Zaro aparecen hombres que ejercen la prostitución en saunas, en locales de ocio nocturno, en la calle, en pisos regentados por proxenetas o a través de internet. Los personajes entrevistados por este trabajador social que lleva más de una década trabajando en el ámbito de la prostitución masculina exponen sus casos particulares. Entre ellos encontramos travestis, hombres que empezaron a prestar servicios sexuales a cambio de algo cuando sólo tenían doce años u hombres que, llegada la crisis, encontraron en el ejercicio de la prostitución una manera de ganarse la vida. Gracias a los casos expuestos por todos estos prostitutos, Iván Zaro dibuja un fresco en el que el lector puede contemplar cuáles son los principales problemas a los que debe enfrentarse un hombre que decide ejercer la prostitución.

Entre esos problemas, cabe destacar el del miedo a contraer algún tipo de enfermedad de transmisión sexual. Tampoco es menor el del sentimiento de estigmatización que sufren muchos hombres al convertirse en prostitutos. Esa estigmatización es, en muchos casos, más interna que externa. Muchos de ellos, además, y según se desprende del testimonio proporcionado por un prostituto subsahariano, deben luchar contra el tabú que para la gente de su cultura suponen las relaciones homosexuales.

En La difícil vida fácil, y gracias al testimonio de las diferentes voces de prostitutos recogidas y a su experiencia, podemos conocer la tipología de los clientes que, en nuestro país, suelen reclamar los servicios de la prostitución masculina. La mayoría de esos clientes son hombres casados. Casados con mujeres, en su mayor parte. Junto a estos hombres que viven una doble vida y que ocultan tras el uso de la prostitución masculina una más que patente bisexualidad también pueden encontrarse hombres casados con otros hombres, gais solteros, jóvenes inexpertos a la caza de experiencias y bisexuales que, torturados en mayor o menor grado por las dudas, intentan, gracias a la colaboración de un profesional, decantarse por una de las opciones sexuales que le atraen…

Como se ve, la clientela de la prostitución masculina puede ser muy variada. También profesionalmente. Al prostituto le reclaman sus servicios ancianos y discapacitados, actores y políticos, banqueros y empresarios, artistas y sacerdotes… Al igual que sucede en el caso de la prostitución femenina, la prostitución masculina también se caracteriza, como se ve, por la variada tipología de su clientela.

Otro aspecto que parece igualar las condiciones y las rutinas profesionales de la práctica de la prostitución masculina y las de la femenina es la creciente importancia que, en el ejercicio de la profesión, ha adquirido el fenómeno de internet. La red se ha convertido en un canal de primera magnitud para no sólo publicitarse en el sector, sino también para poder contactar con los clientes de una manera independiente y mucho más autónoma.

La irrupción de internet en el mercado de la prostitución (incluyendo aquí su más visible vertiente femenina y su vertiente masculina) impone unas exigencias al hombre que, ejerciendo la prostitución, quiera anunciarse en la red. Como sucede en el caso de las mujeres, el hombre deberá lucir su mejor aspecto para, de ese modo, competir con el resto de hombres que se anuncien en la red. Esto, lógicamente, implica una serie de gastos. En gimnasio, por ejemplo. Y en tratamientos cosméticos o de belleza. Y en la contratación de fotógrafos profesionales que sepan extraer lo mejor de cada cual a la hora de fotografiar a su cliente y preparar el anuncio que, subido a la red, deberá competir con otros anuncios para atraer la atención del cliente de la prostitución masculina. En definitiva, nada que no sepa cualquiera de nuestras anunciantes, ¿verdad?