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El modelo holandés de regulación de la prostitución

Siempre se ha puesto a Holanda como modelo de regulación del ejercicio y negocio de la prostitución. O siempre se la ha utilizado como excusa para argumentar tanto a favor como en contra de dicha regulación. Desde que en el año 2000 la prostitución fuera legalizada en Holanda, todos los países interesados en afrontar las diferentes problemáticas asociadas a la prostitución tienen puesta la lupa sobre el país neerlandés.

En la indicada fecha, el gobierno holandés levantó la prohibición que pesaba sobre los burdeles desde el año 1911. Dejando por sentado que el negocio de la prostitución mueve cada año miles de millones de euros, el Gobierno holandés intentó, mediante dicha actuación normativa, poner fin a los abusos. Quince años después de que el veto sobre los prostíbulos se levantara, los datos que arroja Eurostat hablan de más de 540 millones de euros producidos por la prostitución ilegal en los Países Bajos. Frente a ellos, 2.500 millones de euros (alrededor del 0,4% del PIB holandés) es la cantidad que mueve la prostitución legal en el país. Esa cifra supera, por ejemplo y para hacernos una idea de su importancia, la que genera la industria quesera holandesa.

La legalización de la prostitución en Holanda fue un intento de regular y controlar toda actividad que tuviera que ver con el ejercicio de la misma. Algunas de las medidas destinadas a hacer efectiva dicha regularización serían:

-Se elevó la edad mínima para ejercer trabajos sexuales de 18 a 21 años.
-Se incluyó en el Código Penal como delito toda forma de explotación en la prostitución.
-Se concedía a las ciudades y regiones la facultad de legislar sobre aspectos puntuales de la prostitución. Uno de esos aspectos es, por ejemplo, el de tolerar o no la prostitución callejera. En la práctica, esta forma de prostitución ha sido prohibida en todas las ciudades.
-En la mayor parte de las ciudades se permiten los clubs, prostíbulos, agencias de escorts, cines X, casas particulares para ejercicio de la prostitución, clubs de masaje erótico, etc. Estos locales, para ser legales, deben obtener la licencia de la autoridad municipal. Ésta, por ejemplo, puede autorizar o no la prostitución en escaparates. Este tipo de prostitución, tan asociada al Barrio Rojo de Ámsterdam, sólo se permite en 13 ciudades holandesas.

El hecho de legalizar la prostitución va asociado a la asunción de una serie de medidas orientadas a garantizar que las prostitutas reciban asistencia social y sanitaria. En contrapartida, las prostitutas deben pagar impuestos y tener un seguro privado de salud como cualquier otro trabajador del país.

Las frecuentes inspecciones realizadas por la policía holandesa en prostíbulos y demás lugares en que se ejerce la prostitución tienen como fin no sólo comprobar que se cumplen las condiciones sanitarias y de seguridad para la salud exigibles por las autoridades municipales, sino para comprobar que todas las prostitutas del local se encuentran en situación legal y que no ejercen su oficio obligadas por terceros.

Estas inspecciones y algunos estudios han demostrado que el abuso sigue existiendo y que las prostitutas siguen padeciendo una serie de problemas de difícil solución. Entre estos problemas se encontrarían entre otros, las recurrentes sensaciones de tensión o abatimiento o las dificultades a la hora de solicitar un crédito o abrir una cartilla bancaria. Para mejorar todos estos aspectos, el Gobierno holandés se está planteando introducir algunas reformas legislativas que haga más uniformes los criterios de concesión de licencias en todo el país.