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La prostitución en Al-Andalus

La ley islámica siempre ha considerado la prostitución una transgresión. ¿Quiere eso decir que no existe prostitución en los territorios regidos por la ley islámica? No. Como también ha sucedido históricamente en países de rígida moralidad católica, la doble moral ha permitido que la prostitución se desarrollara de una manera más o menos encubierta en países y regiones islámicas. Basta repasar la historia de Al-Andalus (territorio de la Península Ibérica bajo poder musulmán durante la Edad Media) para comprobarlo.

En Al-Andalus, la prostitución se ejercía, al igual que sucedía en el territorio cristiano de la Península Ibérica, en ventas y tabernas. En las poblaciones más pequeñas de Al-Andalus, la prostitución se ejercía en las casas públicas, los mercados y las alhóndigas (almacenes de grano); en las más grandes, en lo que se conocía como casas de jarây (lupanares dedicados exclusivamente a ese fin). Los lupanares de Al-Andalus estaban situados fuera de la medina, en el extrarradio de las poblaciones.

Al igual que sucedía en el mundo cristiano, la prostitución en Al-Andalus estaba regulada por el fisco. Las prostitutas en Al-Andalus, pues, debían pagar un tributo para poder ejercer su oficio. Eso, el colaborar con el fisco, no las exoneraba en modo alguno de padecer la repudia social. Públicamente rechazadas, las mujeres que ejercían la prostitución en Al-Andalus eran unas marginadas, aunque de vez en cuando alguna de ellas, y por motivos excepcionales, llegaran a gozar de un cierto prestigio en determinados círculos. Un ejemplo de esto último sería Rasis, una prostituta cordobesa que llegó a formar parte del cortejo oficial de Abd al-Rahmân III.

Entre las normas que, recogidas por Ibn Abdûn, debían cumplir las prostitutas en Al-Andalus figuran las siguientes:

– No podían descubrir su cabeza fuera de las alhóndigas.

– No podían vestir igual que las mujeres honradas ni lucir los mismos adornos.

– No podían organizar fiestas.

– Si eran bailarinas no podían descubrir su rostro.

Las leyes sobre prostitución y el trato que las prostitutas recibían variaban dependiendo de las regiones. En Oriente, por ejemplo, las prostitutas gozaban de mayor libertad que en Al-Andalus o en el Magreg. Algunos viajeros de la época registraron en sus crónicas de viaje, por ejemplo, que algunas jóvenes prostitutas (esclavas traídas de Grecia) podían entrar en los baños masculinos en ciudades del sur de Arabia como Adén o Ladiq.

Tipos de prostitutas en Al-Andalus

Dentro de los diferentes tipos de prostitutas que se podían encontrar en Al-Andalus tenemos que destacar las qiyân. Las qiyân eran algo así como las cortesanas de lujo de la época. Estas prostitutas eran esclavas que había recibido una educación especial basada en conocimientos sobre música, lectura, poesía, danza, etc. Estas esclavas, que pueden recordarnos, por su formación, a las célebres gheisas japonesas, eran muy valoradas. Entre las funciones de las qiyân figuraba la de instruir a los hijos de los gobernantes.

Las qiyân solían ejercer su oficio en su propia casa. Era ahí donde los clientes más exclusivos se trasladaban y ahí donde las veían cantar o recitar y donde mantenían sus encuentros sexuales. Algunas de ellas pertenecían en exclusiva a un hombre que se servía de ellas para su propio y exclusivo placer. Otros hombres, por el contrario, compraban las qiyân para venderlas como producto comercial y para obtener un beneficio económico gracias a ellas.

Jóvenes y bellas, las qiyân podían proceder de múltiples etnias y regiones y se caracterizaban, más allá de sus conocimientos sobre música, artes, filosofía, teatro de sombras, poesía o canto, por vestir prendas llamativas y de gran calidad. Después de todo, sus propietarios eran hombres adinerados que las vestían con las telas más exquisitas que en aquel entonces pudieran encontrarse en el mercado.

Una figura que es común tanto a las sociedades cristianas como a la sociedad de Al-Andalus y que está relacionada con el mundo de la prostitución y de su práctica es la figura de la alcahueta. La alcahueta tiene mucha tradición en la sociedad árabe. Hay que entender que su función resultaba prácticamente imprescindible en una sociedad en la que la separación de sexos era muy estricta. En una sociedad así, el que exista una figura encargada de concertar citas resulta capital para que la prostitución pueda ejercerse.