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¿Cómo era la prostitución en la Antigua Grecia?

Que históricamente las zonas portuarias han estado ligadas al ejercicio de la prostitución es algo que no puede discutirse. El viejo Barrio Chino barcelonés no hubiera sido igual si no hubiera estado emplazado a tiro de piedra de un puerto con centenario e incesante movimiento de entrada y salida de barcos, de entrada y salida de personas. Hay novelas que hablan de ello. Muchas novelas. Por eso Barcelona, como cualquier otra ciudad de marcado pulso comercial, ha sido asociada una y otra vez a la historia de la prostitución. Ya lo vimos cuando hablamos de las numerosísimas tiendas de gomas y lavajes que salpicaron el Distrito Quinto de la Ciudad Condal durante muchas décadas. Prostitución y Barcelona han ido siempre de la mano.

Ciudad comercial, prostitución abundante

Hay que decir, sin embargo, que la alianza barcelonesa entre comercio y prostitución, entre puerto y puta, no es una alianza nueva en la historia ni se inventó en esa esquinita del Mediterráneo en la que está ubicada Barcelona. Toda civilización, cultura o ciudad que haya adquirido relevancia comercial (y la relevancia comercial ha estado, durante muchos siglos, ligada al fenómeno del transporte marítimo y, por tanto, a la posesión de puerto) ha poseído, en sus calles o en sus prostíbulos, un gran número de prostitutas de todo tipo y condición, prostitutas de lujo para satisfacer los deseos de los grandes comerciantes y hombres de negocios y prostitutas de no tanto lujo para atender a las clases más populares y a esos hombres de paso, los marineros, que en cada puerto tienen una mujer, de pago o no. Esto, que de puro manido puede parecer un retrato costumbrista y plagado de tópicos, es así, con pequeñas variantes, desde la época de la primera civilización marcadamente comercial, la de la Grecia clásica, y es precisamente a la prostitución durante la Grecia Clásica a la que queremos dedicar este artículo, el segundo de los que hemos decidido dedicar en nuestro blog a la prostitución a lo largo de la historia de la Humanidad.

Lo primero que hay que decir sobre la prostitución en la Antigua Grecia es que empleaba a un significativo número de personas, y que éstas eran tanto de género masculino como femenino. La prostitución, según muchos autores, encontraba una profunda razón de ser en la Antigua Grecia debido al carácter casi comercial que adquirían los matrimonios. Los matrimonios, en la Grecia Clásica, no eran fruto del amor. En la mayor parte de las ocasiones, el matrimonio era el resultado de un pacto entre familias, una especie de contrato comercial. Cumplido el trámite de la procreación, se consideraba normal que los hombres buscaran solaz fuera del matrimonio para, así, satisfacer sus necesidades sexuales. Estando penalizado por ley que dicho solaz pudiera encontrarse en la compañía y los tratos carnales con otras mujeres libres, la prostitución en la Antigua Grecia encontraba, pues, un caldo de cultivo proclive a su expansión.

¿Quiere esto decir que el ejercicio de la profesión de prostituta en la Antigua Grecia no era entendido como algo degradante? No. Ni mucho menos. Que se supiera de su existencia y se tolerase no quiere decir que se aplaudiese ni que fuese considerado algo positivo. Las prostitutas de la Antigua Grecia debían vestir de manera que pudieran ser identificadas como tales. Los colores llamativos y el maquillaje exagerado, servían para distinguir a una prostituta de la Antigua Grecia de una mujer “honrada”.

La prostituta de la Antigua Grecia era reconocida, en ocasiones, por el abuso que realizaba del albayalde o blanco de plomo para maquillar su rostro. En la Antigua Grecia, además, la prostituta tiene un lugar ex exclusivo reservado en el templo, para que, así, no pueda mezclarse con el resto de mujeres que acuden al mismo. La pérdida de los derechos cívicos, además, es algo que está ligado al ejercicio de la prostitución. Las prostitutas en la Antigua Grecia, además, tampoco podían ejercer un cargo público, algo considerado muy ofensivo en lugares como Atenas. Esto no las eximía de pagar un impuesto por el ejercicio de su profesión.

Pornais y hetairas

Básicamente, encontrábamos dos tipos de prostitutas en la Antigua Grecia. Unas eran las pornai. Éstas eran las prostitutas de más baja condición, esclavas de origen bárbaro que prestaban sus servicios junto a los puertos, en prostíbulos a los que acudían los ciudadanos más pobres y, por supuesto, los marinos. Sus tarifas eran baratas y su aspecto, como hemos dicho, debía ser inconfundible para que pudieran ser identificadas como profesionales del sexo. A simple vista, cualquier hombre debía saber que aquella mujer que pasaba ante él o que le reclamaba era una prostituta.

Las otras prostitutas de la Antigua Grecia eran las hetairas. Las hetairas eran las prostitutas de lujo de la Grecia Clásica, las escorts de la época, la mayor parte de las hetairas eran griegas procedentes de Asia Menor. Su educación, así como sus capacidades para la danza y para la música, les permitía convertirse en algo más que en prostitutas sólo destinadas a proporcionar placer. Independientes y autosuficientes, estas cortesanas, especie de gheisas a lo griego, llegaron a ser mujeres muy influyentes. Incluso Pericles, uno de los grandes gobernantes de la historia de Grecia, convivió con una de ellas, Aspasia de Mileto, de quien ha llegado a decirse que regentó un burdel.

En la Antigua Grecia, más allá de la tipología de las prostitutas dependiendo de su estatus, podemos distinguir tres tipos de prostitutas dependiendo del lugar en que ejercen su oficio:

  • Khamaitypos. Prostitutas que trabajan en el exterior, en cualquier lugar.
  • Gephyrides. Prostitutas que trabajaban cerca de los puentes.
  • Perepatetikes. Prostitutas que captaban a sus clientes en las calles y que, después, los llevaban a sus hogares.

El precio medio de un servicio de prostitución en la Antigua Grecia era de un óbolo, algo así como el salario medio de un día.

Prostitución masculina y burdeles públicos

Junto a la importancia de la prostitución femenina en la Antigua Grecia podemos destacar la que tuvo la prostitución masculina. Ésta estaba ejercida por hombres adolescentes durante un período vital que se extendía desde la pubertad hasta aquel momento en que aparece la barba. Una parte de éstos actuaban como gigolós, ofreciendo sus servicios a la clientela femenina, pero la mayor parte de ellos prestaban servicios sexuales a los hombres de una sociedad eminentemente pederástica que, pese a ello, consideraba la felación una actividad indigna. Quizás por eso esta práctica sexual figuraba entre los servicios estrella de quien ejerciera la prostitución en la Antigua Grecia, fuera del género que fuera.

De entre las anécdotas que suelen contarse sobre la historia de la prostitución en la Antigua Greciadestaca la de la fundación por parte de Solón, rey ateniense que reinó en el siglo VI a. C., de burdeles de carácter público con los que se pretendía conseguir dos cosas. Una: erradicar el proxenetismo, que había sido considerado ilegal. Dos: obtener beneficios económicos para el Estado. Hoy, siglos después, se dice que algunos de los ingresos obtenidos en los burdeles públicos de Solón sirvieron no sólo para sanear las arcas municipales atenienses: también sirvieron para construir un templo a Afrodita, diosa del amor, la lujuria, la belleza y la sexualidad, dones todos ellos relacionados de manera directa con el ejercicio de la prostitución.