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“Porn life drawing” o cómo el arte puede servir para defender los derechos de las trabajadoras sexuales

Las pintaron, entre otros, Manet, Picasso y Toulouse-Lautrec. Fotógrafos como Joan Colom, Cartier Bresson, Rubén García, Marc McAndrews o Ernerst James Bellocq las han retratado en Barcelona, México, Almería, Nevada o Nueva Orleans. Hablamos de las prostitutas, modelos que han servido para protagonizar muchas obras de arte, desde Las señoritas de Avignon (o, mejor dicho, Las señoritas de la calle de Avinyó) a En la cama: el beso, pasando, por ejemplo, por las fotografías con las que Colom ilustró el libro de Camilo José Cela Izas, rabizas y colipoterras y en las que salían retratadas mujeres que ejercían la prostitución en el Barrio Chino barcelonés allá por los cincuenta y los sesenta.

En museos y colecciones privadas hemos visto retratadas a prostitutas, a veces como símbolo e imagen viva de obscenidad, otras como seres heridos por la vida. Hablar de la historia del arte erótico implica, obligatoriamente, hablar de cómo las prostitutas han protagonizado muchas de las obras pertenecientes a dicho género. No en vano, en los tiempos en los que era difícil encontrar a una modelo que quisiera exponerse desnuda para que un pintor la retratara, las prostitutas eran siempre un recurso que los pintores y escultores tenían al alcance de su mano para poder pintar obras de temática erótica.

Rendir homenaje a todas esas mujeres que habían permitido el desarrollo de un género pictórico y fotográfico que, por su temática, está tan cercano al tuétano mismo de la vida, es lo que pretendía hace ya un tiempo la modelo, artista y activista Lauren Zoe al impulsar en Londres unos talleres de arte dedicados al porn life drawing, es decir, al dibujo pornográfico al natural.

Zoe, estudiante de último curso de arte de la Universidad de Goldsmiths, trabajó como modelo de desnudo. De aquella experiencia a Zoe le quedó un recuerdo doloroso y casi traumático: fue agredida sexualmente por un artista que la estaba retratando. Su denuncia fue en vano. La misma policía a la que presentó dicha denuncia le dio a entender que, con su desnudo, Lauren estaba consintiendo, en cierta medida, el comportamiento abusivo del artista, algo que, según palabras de la propia afectada, suele darse también en la industria del sexo y que, en gran medida, retrata a una sociedad que, cuanto menos, no guarda demasiado respeto a los derechos de la mujer. Y es que, sostenía Zoe en el momento de lanzar su iniciativa y hacerla pública, “hay estructuras de género y relativas a la sexualidad que están enquistadas”. Al crear las clases de porn life drawing, lo que Zoe pretendía era “demostrar que el hecho de que estés siendo sexual no le da derecho a nadie a que pueda serlo contigo”.

En los talleres de arte que impulsó en su día Lauren Zoe, las modelos eran trabajadoras sexuales londinenses. Éstas, una vez allí, podían fingir que practicaban sexo, podían practicarlo en realidad (si ése era su deseo) o podían participar en algún tipo de performance relacionada de un modo más o menos directo con el universo BDSM. Para participar en aquellos talleres de porn life drawing solo había que cumplir un requisito: ser mujer o, en su caso, pertenecer al colectivo LGTB.

Las sesiones, que estaban impulsadas por el grupo Sex Worker Art Collective, surgido de la Universidad de Londres y, más concretamente, de la Sex Worker Solidarity Society, un grupo de apoyo para las trabajadoras sexuales, tenían como objetivo principal desestigmatizar y humanizar a las mujeres que han hecho de su cuerpo su modo de vida y, desmitificando la industria del sexo, tender puentes entre ellas y un público que podría calificarse como “consumidor habitual de arte”. El Sex Worker Art Collective, de hecho, se autodefine así mismo como un grupo formado por trabajadoras sexuales, activistas por los derechos de las trabajadoras sexuales y amigas y aliadas de las trabajadoras sexuales que, mediante la convocatoria de eventos de carácter comunitario, intentan fomentar y estimular el debate sobre la necesidad de desestigmatizar a las prostitutas y a su trabajo.

Lauren Zoe, al lanzar su proyecto, señalaba cómo en el arte erótico y en la percepción que se tiene del mismo se ha producido, históricamente, una doble valoración. Esa valoración esconde, en el fondo, una gran hipocresía moral y que no es otra que la hipocresía de una sociedad burguesa que, por un lado, concibe al arte erótico y sus representaciones como una actividad que, teniendo algo de hobby, está asociada a una cierta forma de elitismo y, por el otro, tiene de lo representado en esos cuadros o en esas obras de arte, del oficio plasmado en ellas, es decir, de las prostitutas en sí, una visión directa e íntimamente ligada a los conceptos de lo sucio y lo pecaminoso. Así, la misma persona que piensa en la prostituta como en una persona sucia, desvergonzada y promiscua, concibe ese arte erótico, arte en el que la trabajadora sexual participa como modelo y es representada, como algo “in”, bello, estimulante y, por supuesto, muy valorable cultural y, en muchas ocasiones, económicamente.

En gran medida, el objetivo de Lauren Zoe con estas clases dedicadas al porn life drawing y, con ella, del Sex Worker Art Collective, era liberar al acto de la creación erótica de las estructuras patriarcales que tradicionalmente lo han contaminado y, al mismo tiempo, aprovechar las clases y los diferentes eventos organizados por el grupo solidario citado para informar a todos y todas las participantes en estos talleres sobre los derechos que deberían asistir a las trabajadoras sexuales, sobre el doble rasero con el que habitualmente se realizan leyes que afectan directa o indirectamente a la industria del sexo y, en general, sobre todos los aspectos que, en mayor o menor medida, rodean al mundo del trabajo sexual.

Finalmente, cabe destacar que en un taller en el que se practica el porn life drawing se asiste a un acto que no solo abarca el sexo físico. En un taller de este tipo, el artista puede, por ejemplo, encontrar no solo una información valiosísima y de primera mano sobre el mundo de la prostitución, también puede encontrar la inspiración necesaria que sirva a ese artista para conocer los diversos modos de ejercerla y, así, plasmar la enorme variedad de prácticas sexuales que forman parte tanto de la industria del porno como del día a día laboral de una trabajadora sexual.

En GirlsBCN.info, donde en tantas ocasiones hemos recogido información sobre todas aquellas iniciativas que tienen como finalidad la defensa del derecho a ejercer su profesión de las trabajadoras sexuales, así como las tareas desarrolladas por aquellas agrupaciones que tienen, entre otros, el objetivo de aliviar o de quitar el estigma que en demasiadas ocasiones marca a las prostitutas, no podíamos perder la oportunidad de dejar constancia de este proyecto llevado a cabo por el Sex Worker Art Collective y la modelo, artista y activista Lauren Zoe. Gracias a ella y al citado grupo en defensa de los derechos de las prostitutas, muchas trabajadoras sexuales londinenses pudieron reivindicar su trabajo y su rol social frente a todos aquellos que a diario las denigran y estigmatizan. Nuestro más sincero aplauso a iniciativas de este tipo.