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Porn Life Drawing

Porn Life Drawing: talleres de dibujo erótico de prostitutas

Las pintaron, entre otros, Manet, Picasso y Toulouse-Lautrec. Fotógrafos como Cartier Bresson o Ernerst James Bellocq las han retratado en diferentes lugares del mundo. Hablamos de las prostitutas, modelos que han servido para protagonizar muchas obras de arte, desde Las señoritas de Avignon a En la cama: el beso, pasando, por ejemplo, por las fotografías con las que Joan Colom ilustró el libro de Camilo José Cela Izas, rabizas y colipoterras y en las que salían retratadas mujeres que ejercían la prostitución en el Barrio Chino barcelonés allá por los cincuenta y los sesenta.

En museos y colecciones privadas hemos visto retratadas a prostitutas, a veces como símbolo e imagen viva de obscenidad, otras como seres heridos por la vida. Hablar de la historia del arte erótico implica, obligatoriamente, hablar de cómo las prostitutas han protagonizado muchas de las obras pertenecientes a dicho género.

No en vano, en los tiempos en los que era difícil encontrar a una modelo que quisiera exponerse desnuda para que un pintor la retratara, las trabajadoras sexuales eran siempre un recurso que los pintores y escultores tenían al alcance de su mano para poder pintar obras de temática erótica.

Dibujos eróticos

Rendir homenaje a todas esas mujeres es lo que pretendía hace ya un tiempo la modelo, artista y activista Lauren Zoe al impulsar en Londres unos talleres de arte dedicados al porn life drawing, es decir, al dibujo erótico al natural.

Zoe, estudiante de último curso de arte de la Universidad de Goldsmiths, trabajó como modelo de desnudo. De aquella experiencia a Zoe le quedó un recuerdo doloroso y casi traumático: fue agredida sexualmente por un artista que la estaba retratando. Su denuncia fue en vano. La misma policía a la que presentó dicha denuncia le dio a entender que, con su desnudo, Lauren estaba consintiendo, en cierta medida, el comportamiento abusivo del artista.

Eso, según palabras de la propia afectada, suele darse también en la industria del sexo y retrata en gran medida a una sociedad que no guarda demasiado respeto a los derechos de la mujer.

Y es que, sostenía Zoe en el momento de lanzar su iniciativa y hacerla pública, “hay estructuras de género y relativas a la sexualidad que están enquistadas”. Al crear las clases de porn life drawing, lo que Zoe pretendía era “demostrar que el hecho de que estés siendo sexual no le da derecho a nadie a que pueda serlo contigo”.

En los talleres de arte que impulsó en su día Zoe, las modelos eran trabajadoras sexuales londinenses. Éstas, una vez allí, podían fingir que practicaban sexo, podían practicarlo en realidad (si ése era su deseo) o podían participar en algún tipo de performance relacionada de un modo más o menos directo con el universo BDSM.

Para participar en aquellos talleres solo había que cumplir un requisito: ser mujer o, en su caso, pertenecer al colectivo LGTB.

Las sesiones, que estaban impulsadas por el grupo Sex Worker Art Collective, surgido de la Universidad de Londres, tenían como objetivo principal humanizar a las mujeres que han hecho de su cuerpo su modo de vida.

Aquellas sesiones, además de arrancar ese estigma a las prostitutas, servían para desmitificar la industria del sexo y tender puentes entre ellas.

El Sex Worker Art Collective se autodefine así mismo como un grupo formado por trabajadoras sexuales, activistas por los derechos de las mismas y amigas y aliadas de las prostitutas que, mediante la convocatoria de eventos de carácter comunitario, intentan fomentar y estimular el debate sobre la necesidad de quitar el estigma que afecta tanto a ellas como a su trabajo.

Hipocresía social ante el arte erótico

Al lanzar su proyecto, Zoe señalaba cómo en el arte erótico y en la percepción que se tiene del mismo se ha producido, históricamente, una doble valoración que esconde una gran hipocresía moral.

Por un lado, la sociedad burguesa concibe ese tipo de arte como algo que, tentiendo algo de hobby, está asociado a una cierta forma de elitismo.

Por el otro, esa misma sociedad burguesa tiene de lo representado en esos cuadros o en esas obras de arte, es decir, de las prostitutas en sí y de su oficio, una visión directa e íntimamente ligada a los conceptos de lo sucio y lo pecaminoso.

Así, la misma persona que piensa en la prostituta como en una persona sucia, desvergonzada y promiscua, concibe el arte en el que ella participa como modelo y es representada como algo “in”, bello, estimulante y, por supuesto, muy valorable cultural y, en muchas ocasiones, económicamente.

En gran medida, el objetivo de Lauren Zoe con estas clases dedicadas al porn life drawing era liberar al acto de la creación erótica de las estructuras patriarcales que tradicionalmente lo han contaminado.

Las clases y los eventos organizados por el grupo también debían servir para informar sobre los derechos que deberían asistir a las trabajadoras sexuales, sobre el doble rasero con el que habitualmente se realizan leyes que afectan directa o indirectamente a la industria del sexo y, en general, sobre todos los aspectos que, en mayor o menor medida, rodean al mundo del trabajo sexual.

Finalmente, cabe destacar que en un taller en el que se practica el porn life drawing se asiste a un acto que no solo abarca el sexo físico. En un taller de este tipo, el artista puede encontrar no solo una información valiosísima y de primera mano sobre el mundo de la prostitución.

El artista, además, también puede encontrar la inspiración necesaria que sirva a ese artista para conocer los diversos modos de ejercerla y, así, plasmar la enorme variedad de prácticas sexuales que forman parte tanto de la industria del porno como del día a día laboral de una trabajadora sexual.