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La cooperativa de prostitutas de Ámsterdam, al borde de la quiebra

Hace ahora aproximadamente un año que publicábamos en nuestro Blog un artículo en el que anunciábamos que en Ámsterdam, en su célebre Barrio Rojo, se iba a abrir una cooperativa de trabajadoras del sexo o, dicho de otro modo, un burdel que gestionarían las mismas prostitutas que iban a trabajar en él. Pues bien: transcurrido un año desde la puerta en marcha de ese proyecto (My Red Light), el consejo del mismo ha anunciado que el burdel (en realidad un conjunto de 14 escaparates) está al borde de la quiebra. ¿El motivo? Según Marcel Heyman, miembro del Consejo de My Red Light, que los ingresos recogidos por las prostitutas no alcanzan en muchas ocasiones a cubrir los costes.

Justine le Clercq, directora de My Red Light, ha declarado también que el ayuntamiento de la capital holandesa ha colocado a la cooperativa de prostitutas en su “punto de mira” imponiendo unas reglas “inviables”. Para poder trabajar en My Red Light hay que pasar un filtro y es el Ayuntamiento de Ámsterdam el encargado de conceder o no la autorización para trabajar en una de las “ventanas” que My Red Light posee en el Barrio Rojo. Cualquier tipo de antecedente penal, por pequeño que sea, incapacita la prostituta solicitante a ejercer su profesión en alguno de los escaparates de esta cooperativa de trabajadoras del sexo. Le Clercq, en ese sentido, solicita una postura más flexible por parte del ayuntamiento. No se trataría tanto de permitir que mujeres con pasado criminal pudieran ejercer la prostitución en My Red Light sino de conseguir que una pequeña mancha en el expediente de una mujer no suponga para la misma el ver cerrada la puerta de acceso a esta posibilidad laboral.

Marcel Heyman ha asegurado también que los requisitos impuestos por el Ayuntamiento de Ámsterdam para seleccionar a las prostitutas que quieran trabajar en My Red Light no permite “contratarlas con inmediatez” y recalca con sorna en algunas redes sociales que las normas que se aplican para seleccionar a un concejal municipal son menos estrictas que aquéllas que se emplean para seleccionar a las trabajadoras sexuales. Aparecer como testigo o víctima en cualquier archivo policial basta para que una prostituta quede incapacitada para trabajar en esta cooperativa.

Otra de las normas que impone el ayuntamiento de la capital holandesa a las prostitutas que deseen ejercer su oficio en My Red Light es la que les prohíbe utilizar las redes sociales o cualquier aplicación u opción de internet para captar clientes. Ofrecer los servicios en la red y publicitarse para hacer servicios a domicilio incapacita, pues, para ejercer la prostitución en cualquiera de los escaparates de la cooperativa.

A inicios de marzo, los escaparates de My Red Light estuvieron cerrados durante el día. La experiencia acumulada desde que el pasado mes de mayo entraran en funcionamiento demostraba que no resultaba rentable tenerlos abiertos en las horas diurnas. Transcurrido este tiempo, el Consejo de My Red Light se ha planteado la posibilidad de cerrar la cooperativa de prostitutas. De hecho, sólo un cambio legislativo impediría que eso se produjera. Heyman solicita una suavización de las normas del alquiler de las “ventanas”.

My Red Light posee 14 escaparates ubicados en cuatro edificios comprados hace alrededor de doce años. Las habitaciones de este burdel fueron diseñadas contando con la opinión de las trabajadoras sexuales e incluyen baño y algunas instalaciones extra. Las prostitutas que trabajan en My Red Light son consideradas profesionales independientes que fiscalmente son autónomas y que, como miembros de My Red Light, tienen derecho a alquilar uno de esos escaparates y de hacerlo por un precio de unos 80 euros por turno. En My Red Light existían hasta hace un mes tres turnos: mañana, tarde o noche.