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“Mi cuerpo es mi negocio”

En este blog nos gusta hacernos eco de todas aquellas informaciones que, relacionadas de un modo más o menos directo con la prostitución en cualquier parte del mundo, aparezcan en los diferentes medios de comunicación. Ése es el motivo de que, en ocasiones, hayamos fijado nuestra mirada en una ciudad como Ámsterdam y en un país como Holanda. Lo hicimos cuando dedicamos un artículo al hablar del modelo holandés de regulación de la prostitución y también cuando informamos de que en mayo Ámsterdam tendría su primera cooperativa de prostitutas. Ahora, de nuevo, y sirviéndonos de la entrevista que Zahida Membrado, colaboradora del diario El Mundo, ha realizado a Yvette Luhr, presidenta y portavoz del sindicado de prostitutas holandés, vamos a fijar nuestra mirada en Holanda y en su manera de regular el ejercicio de la prostitución.

Zahida Membrado, tras realizar una semblanza profesional de Yvette Luhr (actriz porno, realizadora, prostituta y portavoz sindical), señala cómo la prostitución fue considerada un trabajo legal en Holanda en el año 2000. Lo que el gobierno holandés pretendía al regularizar el sector del trabajo sexual era “combatir la insalubridad, el tráfico y la explotación de personas”.

Dicha regularización se apoyaba sobre diferentes puntos entre los que destacan los siguientes:

– La trabajadora sexual se autoemplea.

– La trabajadora sexual debe pagar impuestos.

– La trabajadora sexual debe tener un seguro médico.

– La trabajadora sexual deber realizar su trabajo en clubes sexuales, escaparates, casa privadas o mediante agencias de escorts. Las prostitutas no pueden ejercer la prostitución en la calle. La ley, en ese aspecto, es tajante.

Sobre la forma de trabajar de las prostitutas que ejercen su profesión en el famoso Barrio Rojo de la capital holandesa, Yvette Luhr cuenta que dichas prostitutas deben obtener una licencia que les permita alquilar una de las famosas “ventanas” desde las que se exhiben para su potencial clientela. La obtención de dicha licencia debe tramitarse en la Cámara de Comercio. Obtenida, la prostituta queda obligada a presentar la declaración de renta.

Luhr destaca también cómo los burdeles y clubes están regulados de una manera estricta. Prueba de ello son las seis inspecciones anuales que reciben por parte de la policía. El objetivo principal de dichas inspecciones es evitar que se produzcan situaciones de explotación sexual o de abusos de menores.

Luhr, que aplaude estas medidas, destaca cómo aún queda mucho camino por recorrer para que las trabajadoras del sexo puedan liberarse del estigma tradicionalmente asociado a su profesión. En el día a día, afirma la portavoz del sindicato de prostitutas holandés, se siguen produciendo situaciones discriminatorias. Y da varios ejemplos. Las prostitutas holandesas, afirma Luhr, tienen muchos problemas para abrir una cuenta bancaria de negocios o para obtener una hipoteca. El ejercer o haber ejercido la prostitución, señala Luhr, se convierte, también, en una traba a veces insuperable cuando se lucha por la custodia de un hijo.

Zahida Membrano resalta en su artículo cómo Yvette Luhr hace de la lucha contra la victimización de la prostituta uno de sus objetivos principales. La prostituta que ha elegido serlo de manera libre no tiene por qué avergonzarse de serlo. No debería hacerlo. Las palabras de Luhr, en ese sentido, son claras y concluyentes: “Una mujer puede hacer con su cuerpo lo que quiera”, dice. “Desde pequeñas nos enseñan que nuestro cuerpo es sólo nuestro. Nadie puede decidir sobre nosotras. Pero resulta que, cuando nos hacemos mayores, ¿una ley puede quitarnos ese derecho? Si soy dueña de mi cuerpo, también debo poder trabajar con él. Por tanto, cuando utilizo mi cuerpo para ganar dinero, mi cuerpo es, literalmente, mi negocio“.

Luhr rechaza cualquier tipo de medida penalizadora contra el trabajador o la trabajadora sexual o sobre sus clientes. Y cita, para hablar de ello, el ejemplo de Suecia. En Suecia, afirma Luhr, se decidió hace unos años penalizar al cliente. Esto, al decir de muchas prostitutas suecas, a las que cita Luhr, no ha servido para frenar el tráfico de personas. Sí ha servido, sin embargo, para convertir el trabajo sexual en algo más peligroso. ¿Por qué? La explicación es sencilla: el cliente, para no ser descubierto por las autoridades que desean sancionarle, exige mantener las relaciones en lugares más apartados, lo que incrementa la posibilidad de que una prostituta no pueda ser socorrida en caso de ser maltratada o atacada.

Luhr señala también cómo la regularización de la prostitución en Holanda no ha impedido que se sigan dando casos de explotación sexual, de prostitución infantil o de prostitución ilegal. Las palabras de Luhr, recogidas por Zahida Membrano, son, en este sentido, concluyentes: “Sí, es cierto que hay explotación, pero tenemos que combatirla con el mismo enfoque con que la combatimos en otros sectores, donde también se explota a trabajadores. Se trafica con personas en los ámbitos de la agricultura y sector doméstico. Por tanto, debemos luchar contra la explotación laboral, pero no sólo en la industria del sexo, sino en el ámbito laboral mundial”.