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María no era virgen; era prostituta

O eso, al menos, es lo que sostiene Chester Brown, un polémico y conocido dibujante de cómics canadiense (Montreal, 1960), en su última obra, María lloró sobre los pies de Jesús. La polémica afirmación es el resultado de toda la meditación que Chester Brown ha realizado a partir de una pregunta que él mismo, y llevado por sus inquietudes religiosas y por su atracción por el mundo de la prostitución, se hizo un día.

¿Aprobaba Jesús la prostitución?, era esa pregunta que se hizo Chester Brown y que iba a servir como punto de arranque de todo el proceso que había de conducir a la realización de María lloró sobre los pies de Jesús. Tras consultar una amplia bibliografía sobre estudios bíblicos y adentrarse en el conocimiento de los textos de los evangelios apócrifos o extracanónicos (esto es, los que en su momento, cuando se estaba creando el corpus teológico de la religión católica, no fueron aceptados por la Iglesia católica ni incluidos en su canon), Chester Brown llegó a la conclusión (o, al menos, al esbozo de una posible hipótesis, tan factible y tan justificada como otras muchas) de que la tolerancia que Jesús mostraba hacia la prostitución y las prostitutas podría derivarse de la condición de prostituta de María, su madre. Una afirmación polémica, sin duda. Aunque discutir sobre ella sólo puede realizarse desde trincheras que están ubicadas más aquí o más allá de la fe. Tan indemostrable es su condición de prostituta como su condición de pura.

María lloró sobre los pies de Jesús lleva dos subtítulos en su portada. Uno de ellos califica la obra como una “novela gráfica” que adapta algunos pasajes bíblicos. El otro, “prostitución y obediencia religiosa en la Biblia”. Chester Brown, pues, se sirve de la viñeta para realizar una relectura de la Biblia y, de paso, reivindicar el papel que la prostitución cumple y ha cumplido no sólo en la historia bíblica sino en la historia en general.

Pagando por ello

Al realizar esta defensa de la prostitución, de su ejercicio y de su contratación, Chester Brown no hace otra cosa que intentar reforzar los argumentos que ya expusiera en otra de sus obras más controvertidas, Pagando por ello. Esta obra, editada en 2011, tenía un subtítulo muy gráfico: “Memorias en cómic de un putero”. Pagando por ello eran básicamente, y tal y como lo proclamaba su subtítulo, las confesiones como habitual consumidor de la prostitución del autor de la obra. Brown, en un momento determinado de su vida, y tras un fracaso amoroso, decidió renunciar al mantenimiento de relaciones tradicionales. No quería hipotecar su vida junto a mujer alguna ni quería volver a experimentar ese torbellino de sensaciones, sentimientos y (no nos engañemos) angustias o preocupaciones que acostumbran a derivarse de las relaciones románticas. Es decir: Chester Brown decidió vivir en soledad. Pero para hacerlo no quería renunciar a algo que necesitaba y que echaba en falta desde su ruptura amorosa: el sexo. Y fue para no tener que renunciar a él sin renunciar a su libertad y a su soledad por lo que optó por algo que hasta entonces nunca había hecho: mantener relaciones sexuales con prostitutas. O, lo que es lo mismo: cubrir sus necesidades sexuales con los servicios que pudieran prestarle profesionales de la prostitución.

Es todo ese proceso, que incluye desde el acto de contratar por vez primera los servicios de una prostituta hasta el del avance paulatino hacia lo que podríamos llamar la relación esporádica y monogámica con una sola prostituta, Denise, pasando por el del progresivo aprendizaje por parte de Brown, y a base de experiencia, de las normas que deben regir la relación entre una prostituta y su cliente, lo que este polémico dibujante canadiense intentó contar, por medio de viñetas, en Pagando por ello.

Y es que Chester Brown, que durante un tiempo alternó sus relaciones eróticas con un nutrido número de prostitutas, hace ya varios años que sólo lo hace con una. Ella, lógicamente, ha encontrado en Chester un cliente fiel, pero su trato hacia él, ese trato que lógicamente, se va volviendo más estrecho (sexualmente hablando) a lo largo de los años, no debe confundirse nunca con el amor. Brown, por otra parte, no querría en modo alguno ese amor. Es más: si ese amor brotara por parte de esa prostituta con la que Brown ha decidido satisfacer en exclusiva sus necesidades sexuales, la satisfacción y la comodidad que él encuentra en dicha relación desaparecería. A él, suele decirlo, ya le va bien así.

Normalización de la prostitución

Chester Brown se ha convertido para muchas personas en un polémico apologeta de la prostitución. Él, que se declara de derechas (a la manera canadiense) y religioso (a su manera), se proclama un defensor a ultranza de la libertad individual a la hora de escoger el tipo de vida que se quiera llevar. Brown respeta a todos aquellos que optan por una relación de pareja tradicional pero considera que hay personas a las que le iría mejor y serían más felices si llevaran un tipo de vida parecida a la suya, es decir, si vivieran solas y satisficieran sus necesidades sexuales contratando los servicios de una prostituta.

Quizás más reflexivo que provocador y más ensayista que narrador, Chester Brown se sirve de la viñeta para mostrar sus inquietudes y, cuanto menos, proponer debates. En tiempos en los que con demasiada sencillez se cuelga sobre los comportamientos eróticos de las personas el cartel de inmoral o inadecuado, hay que aplaudir la propuesta artística de Chester Brown como dibujante y su apuesta decidida por la normalización (él siempre recalca dicha palabra) de la prostitución. Hay que despojar a la prostituta de todos los estereotipos que se construyen alrededor de ella y lo mismo hay que hacer con la figura del putero o, dicho de una manera más políticamente correcta, del contratante de servicios de prostitución. Ni todas las prostitutas son esclavas de redes internacionales, ni todas son maltratadas por sus proxenetas, ni tan siquiera todas trabajan para un hombre. Tampoco los puteros son todos misóginos o maridos infieles de procacidad desatada o personas incapaces de establecer una relación íntima con una mujer si no existe un pago de por medio.

Es por esa normalización por la que lucha Chester Brown en obras como Pagando por ello o María lloró sobre los pies de Jesús. Ambas obras han sido editadas en España por Ediciones La Cúpula.