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Muere Madame Claude, la madame más famosa de Francia

En todo oficio hay unos nombres míticos. También en el de la prostitución. El de “Madame Claude” es, sin duda, uno de ellos. Nacida en 1923, Fernande Grudet (pues ése era su verdadero nombre) falleció el pasado 19 de diciembre en la localidad de Niza, donde esta célebre “madame” vivía desde hace unos quince años.

Madame Claude fue durante dos décadas (la de los sesenta y la de los setenta) una de las grandes reinas de la prostitución francesa. Directora de una red formada por unas 500 chicas y un ramillete de chicos, Madame Claude ofrecía los servicios de su exclusiva red de prostitutas de lujo a políticos y artistas tanto de su país como del extranjero. Los servicios de estas trabajadoras del sexo (que trabajaban en Francia, Reino Unido, Italia, Suiza o Ibiza) variaban entre los 10.000 y los 15.000 francos (algo equivalente a los 1.500 y los 2.300 euros actuales, respetivamente). Madame Claude, que tenía su centro de operaciones en un hotel sito en el 32 de la parisina rue de Boulainvilliers, recibía el 30% de esa cantidad de parte de unas pupilas que, en ocasiones, eran obligadas a someterse a algún tipo de operación estética para poder ser “contratadas” por la prestigiosa madame.

Entre los nombres que podrían haber requerido de los servicios de Madame Claude (y según desveló ella en sus memorias, en las que no aparecía nombre francés alguno) figuran personalidades de la talla del Presidente Kennedy, el Sha de Persia o el patrón de la Fiat, Giovanni Agnelli. La información adquirida por las prostitutas gracias al contacto íntimo con sus clientes, y que era transmitida por la madame a los servicios secretos franceses, sirvió como escudo protector a Madame Claude durante varios años. Gracias a esa protección, la famosa madame francesa podía actuar al margen de la presión de la brigada anti-proxenetismo en un tiempo en la que la prostitución estaba penalizada duramente.

Este escudo protector se resquebrajó en 1974 al llegar el político conservador Valéry Giscard d’Estaing a la presidencia de la República Francesa. Giscard endureció la lucha contra el proxenetismo a mediado de los setenta. Madame Claude, que había conseguido esquivar la presión de la brigada anti-proxeneta, tuvo que huir a los Estados Unidos huyendo de la persecución de Hacienda (se le reclamaban 11 millones de francos, unos dos millones de euros). En 1985 Madame Claude regresó a Francia convencida de que su delito había prescrito. No era así, y la “madame” fue condenada a cuatro meses de prisión.

La salida de prisión permitió a Madame Claude reestructurar y relanzar su negocio. Esto, en 1992, la hizo pasar de nuevo por prisión acusada esta vez de “proxenetismo agravado”. En sus declaraciones ante los tribunales, Madame Claude alegó que ella sólo educaba a las chicas “para que triunfaran en la vida”.

Madame Claude, que llevaba ingresada unos dos años y que disponía de una modesta pensión, llegó a poseer en su momento de máximo éxito numerosas cuentas bancarias, incontables apartamentos, varias casas de vacaciones y un hotel en Haití.