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Una prostituta defiende su trabajo en la Universidad

“Soy prostituta, no una víctima”. Estas palabras resonaron en el Aula Magna de la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo. Las pronunció el pasado 3 mayo Lucía Fernández. Ése es el nombre de guerra de una mujer de 26 años que, al mismo tiempo, estudia Derecho en la mencionada universidad y ejerce la prostitución como escort independiente.

Lucía Fernández fue la encargada de cerrar las jornadas Prostitución, Derechos y Vulnerabilidad: regular, evitar, prohibir. Su objetivo al aceptar participar en dichas jornadas era uno: conseguir que las personas que asistieran a las mismas y escucharan su charla y sus opniniones se formaran un criterio certero sobre lo que es la prostitución. Y es que Lucía Fernández afirma sentirse molesta, al igual que el resto de sus compañeras de oficio, cuando se habla de la prostitución en los medios y en los diferentes encuentros realizados a nivel municipal, autonómico, universitario, etc. sin contar con la opinión de las prostitutas.

Lucía Fernández quiso, desde el primer momento, dejar algo muy claro: que ella es la dueña de su cuerpo y que nadie, ni siquiera las feministas, tienen derecho a hablar de su oficio sin solicitar su opinión y la de sus compañeras. Para Lucía Fernández, hay que hablar del trabajo sexual de manera “abierta y normalizada”. Según su opinión, eso ayudaría a eliminar el estigma que viven todas las mujeres que se dedican al trabajo sexual.

Para Lucía Fernández, ese estigma “lo fomenta una sociedad que viene de unos valores arraigados en la teoría judeo-cristiana que quiso hacer de las mujeres un objeto de reproducción, de sumisión, de estar en casa y cuidar a los niños”. Para esta escort asturiana, el mantenimiento de esos valores y su influencia en los comportamientos sociales ha hecho que se produzca esa brecha salarial y esa estigmatización de la que se hablaba. La prostitución, así, y según palabras de Lucía Fernández, se convierte en una opción perfectamente válida para aquellas mujeres a las que no las supere un dilema moral.

Lucía Fernández proclamó no sentirse ni ser víctima por el hecho de ser prostituta y resaltó que esa condición, la de ser prostituta, no la define ni condiciona. Sí quiso recalcar que su modo de ejercer la prostitución y su opción personal a hacerlo no tiene nada que ver con la trata de mujeres. La trata, resaltó Lucía Fernández, “supone una violencia contra las mujeres que no quieran ejercer la prostitución”, algo contra lo que, lógicamente, Fernández se declara en contra.

Lucía Fernández defendió en el Aula Magna de la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo la necesidad de regularizar la prostitución para convertirlo en un trabajo más, y destacó que, al hablar de regularizar, estaba hablando más de dar pasos para dotar a las trabajadoras sexuales de una “protección jurídico-laboral” que de la necesidad de que el Estado cree una legislación en la que “se decida sobre cuáles tienen que ser los derechos laborales de estas personas”.