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Localizado el burdel barcelonés en el que Picasso pintó “Las señoritas de Aviñón”

Su autor quiso llamarlo El burdel de Aviñón pero André Salmon, escritor y crítico de arte francés, decidió cambiar su título por el menos “agresivo” de Las señoritas de Aviñón cuando este cuadro (pues de un cuadro hablamos) fue expuesto por vez primera en el Salon d’Antin de París. Expuesto en el MoMA neoyorquino, Las señoritas de Aviñón es uno de los cuadros más famosos de Picasso y un hito en la historia de la pintura. Durante mucho tiempo se ha debatido quiénes eran esas señoritas que Picasso había inmortalizado en su lienzo y si en verdad eran de la ciudad francesa de Aviñón o no. El debate lo cerró el poeta, escritor y ensayista barcelonés Josep Palau i Fabre, seguramente el mayor experto en la vida y obra del pintor malagueño. Las “señoritas” de Aviñón eran prostitutas que ejercían su oficio en un burdel ubicado en la calle Avinyó de Barcelona, concretamente en su número 44.

Para empezar, Picasso no visitó Aviñón hasta 1912, cinco años después de que firmase el famoso cuadro en París, que fue la ciudad en la que lo terminó sirviéndose de los bocetos que había llevado desde Barcelona. El mismo Picasso le dijo a Palau i Fabre que en la calle Avinyó pintó algunos cuadros y André Salmon confesó al escritor barcelonés que el título del cuadro hacía referencia a Barcelona.

Tras investigar, Palau i Fabre sostuvo que las “señoritas” del famoso lienzo picassiano eran prostitutas de Ca la Mercè, un prostíbulo ubicado en el número 44 de la calle Avinyó. Picasso, que frecuentaba los prostíbulos de la zona, debió visitar también este prostíbulo, ubicado en el principal de una escalera señorial. Si Palau i Fabre localizó este espacio fue gracias a la descripción que el escritor y periodista Joaquim Ventalló daba de un burdel de la calle Avinyó al que él tenía la costumbre de acudir. Ventalló hablaba citaba en sus notas Ca la Mercè y hablaba de grandes ventanas que daban al rellano. Una de ellas, decía Ventalló, estaban a nivel de cintura. Palau i Fabre relacionó esas notas, las palabras de Picasso y una serie de estudios picassianos titulada “Marineros con permiso” en la que se veía a un par de hombres que entraban por una ventana en una estancia en la que podían distinguirse cuatro figuras femeninas.

De este histórico burdel barcelonés podemos decir que estaba ubicado en un palacete del siglo XVII. Ese palacete, que en su tiempo fue propiedad de la familia Villavecchia, una acaudalada familia de origen genovés, acogió, tras acoger a Ca la Mercè, una escuela que tomó el nombre de Ntra. Sra. De la Merced, patrona de la capital catalana. Hoy, el edificio en que se hallaba el burdel que inspiró a Pablo Ruiz “Picasso” Las señoritas de Aviñón acoge la Fundació Francesc Ferrer i Guàrdia.

Los burdeles de Barcelona estaban señalados por un detalle ornamental. Todos ellos poseían, en alguna parte de su fachada, una “carassa”, esto es, un rostro esculpido en piedra. Las “carassas” que servían para identificar los burdeles barceloneses podían representar demonios, mujeres, gárgolas o sátiros. En el 44 de la calle de Avinyó hay una de esas “carassas”, aunque se halla en la parte trasera del edificio, junto a la calle Carabassa. En ese tramo de calle, precisamente, se haya un puente en el que con toda probabilidad pintó Picasso alguna de sus obras.

Las señoritas de Aviñón es una obra absolutamente revolucionaria en la historia de la pintura. Al abrir de par en par las puertas del cubismo, marca un antes y un después. Picasso rompe con la tradición pictórica con esta obra. La ruptura era tan grande que hasta recibió las críticas y las burlas de pintores como Mattisse o críticos como Leo Stein.

La obra se enrolló hasta 1924. En esa fecha la compró Jacques Doucet, un diseñador francés. En 1937 se incluyó en una retrospectiva de Picasso en Nueva York. El MoMA la adquirió por 25.000 dólares. Allí se expone todavía con el título de Les demoiselles d’Avignon. Palau i Fabre clamaba contra este título y exhortaba en alguna carta al Ayuntamiento de Barcelona para que luchara para que la obra se titulara Las señoritas de la calle Avinyó. Palau i Fabre, barcelonés de corazón, pretendía que Barcelona quedara así atada de por vida al nacimiento de una nueva y revolucionaria forma de pintura.

Con toda la documentación y el material recogido que demostraba que Picasso se había inspirado en un burdel de Barcelona para pintar Las señoritas de Aviñón Josep Palau i Fabre (1917-2008) pensaba escribir un libro. No lo hizo finalmente. Las notas para ese libro han servido, aún así, para que todo el mundo sepa que fue en Ca la Mercè, un burdel de la calle Avinyó de Barcelona, donde Picasso pintó Les demoiselles de’Avignon.