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La Jonquera, burdel del sur de Francia

Durante muchos años se dijo que Cuba era el burdel de los Estados Unidos. De hecho, el mismo Fidel Castro, al llegar al poder, empleó esa expresión proclamando que luchar contra dicha circunstancia iba a ser uno de sus principales objetivos como gobernante. Las diferencias legislativas entre Estados Unidos y Cuba hacían que muchos norteamericanos viajaran desde su país para disfrutar de la atractiva y numerosa oferta sexual de la isla caribeña. En cierto modo, eso mismo es lo que hacen hoy en día muchos hombres del sur de Francia cuando cruzan la frontera y se dirigen a La Jonquera, un pueblo de la provincia de Girona que está a escasos quilómetros de la frontera francesa. Por eso no son pocas las personas que hoy en día hablan de La Jonquera como del burdel de Francia. O, al menos, del sur de Francia. Incluso la prensa de Estados Unidos se ha hecho eco de esta circunstancia.

En La Jonquera se encuentran algunos de los prostíbulos más grandes de Europa. A unos pocos quilómetros de un país en el que los burdeles están prohibidos, estos prostíbulos se convierten en todo un atractivo para todos aquellos hombres de ciudades como Perpignan y su área de influencia. Si hace unas décadas los hombres españoles cruzaban la frontera camino de Perpignan para ver en sus cines El último tango en París, hoy son los hombres del país vecino quienes cruzan la frontera en sentido inverso para gozar de un ambiente más “liberal” y permisivo. En La Jonquera, los clientes procedentes del sur de Francia, muchos ellos norteafricanos de nacimiento, pueden gozar de la compañía de una trabajadora del sexo sin temor a ser multados. Se habla, incluso, de excursiones en autocar organizadas y con las que centenares de franceses acuden a cualqueira de los prostíbulos de La Jonquera y sus alrededores para disfrutar de los servicios de las prostitutas que trabajan en esta localidad de Girona. Tan destacada es la prostitución en La Jonquera que se calcula que hay una prostituta por cada habitante.

Son varios los factores que hacen La Jonquera se haya convertido en estos últimos años en “el burdel de Francia“. El primero de ellos, fundamental, es la ubicación geográfica de esta localidad del Alt Empordà. La Jonquera es un paso froterizo. Eso la ha convertido, tradicionalmente, en una de las grandes capitales europeas del contrabando. Esto implica una cosa: que las estructuras delictivas no son algo nuevo en La Jonquera; enraizaron allí hace ya décadas.

El segundo factor que ha convertido a La Jonquera en un lugar atractivo para que muchos franceses vayan a comprar todo tipo de producto es el mantenimiento de las diferencias salariales y las diferencias de precio en productos como el tabaco, los perfumes o el alcohol entre Francia y España. Ahora, además, no existen policías en los pasos fronterizos (o existen muy puntualmente). La creación de la Unión Europea los eliminó en 1995. No hay, pues, que pagar tasa alguna por volver a casa cargados de productos comprados en otro país de la UE. Los españoles (y en especial los catalanes) sabemos algo sobre eso. No hace demasiado que acudíamos en tropel a Andorra a comprar productos variados (azúcar, queso de bola, tabaco, pequeños electrodomésticos, etc.). La afluencia de muchos clientes para comprar productos de todo tipo en La Jonquera se traduce en la existencia de ocho grandes superficies comerciales en el municipio.

El tercer factor que ha ayudado a convertir a La Jonquera en un punto importante en el mapa europeo de la prostitución radica en el hecho de que sea un lugar de paso habitual de cientos y cientos de camioneros. Muchos de ellos, además, pernoctan en esta localidad. Que la relación entre transportistas y prostitutas ha sido históricamente muy estrecha es algo más que un tópico. Si eso no fuera así, ¿qué sentido tendría la ubicación de tantos y tantos prostíbulos en los márgenes de las carreteras españolas?

Un cuarto factor, apuntado por algunos expertos, que explica el cómo La Jonquera se ha convertido en una localidad asociada directamente con el ejercicio de la prostitución, es el de la progresiva normalización de la prostitución entre los jóvenes del sur de Francia. El “ir de putas” ya no es visto por muchos de ellos como algo que deba hacerse a escondidas. Los jóvenes ya no consideran la prostitución, su ejercicio y su disfrute como algo que deba considerarse clandestino. “Ir de putas” es, ahora, para muchos jóvenes, algo así como ir a una discoteca. Llegado el viernes, muchos jóvenes del sur de Francia cogen el coche, cruzan la frontera, escapan a la dura y restrictiva ley francesa sobre la prostitución, toman unas copas más baratas que en su país, disfrutan de los servicios de una prostituta en alguno de los grandes prostíbulos de La Jonquera y vuelven a casa.

La demanda de prostitución hace que, más allá de las trabajadoras sexuales que ejercen su profesión en alguno de los cuatro macroburdeles que existen en La Jonquera, sean muchas las mujeres que, cuando llega el buen tiempo, ejercen la prostitución en las carreteras que rodean La Jonquera.