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Indonesia elimina sus barrios rojos

Indonesia es la nación musulmana más poblada del mundo. Durante muchos años, Indonesia ha sido uno de los principales centros de atención del turismo sexual internacional. Sus barrios rojos han adquirido fama internacional para todos aquellos viajeros que buscan lugares en los que contratar prostitución barata y ciudades como Yakarta, Surabaya, Bandung, Bali o Riau se han convertido en destinos turísticos preferenciales para ese tipo de turista que busca sexo barato con prostitutas, menores o no. Según apunta la Unicef, del total de personas que ejercen la prostitución en Indonesia alrededor del 30% son menores de edad.

El ejercicio de la prostitución no es ilegal en Indonesia. Si la Policía la penaliza en alguna ocasión es, más que nada, por incluirla en delitos que afecten a la decencia o a la moral públicas. En los últimos tiempos, sin embargo, el gobierno indonesio ha tomado la decisión de erradicar la prostitución y, para ello, ha decidido cerrar los barrios rojos del país. Hasta el momento, el gobierno indonesio ha cerrado 70 distritos rojos y ha previsto el cierre de 100 más antes de que finalice el 2019.

La última actuación gubernamental, llamativa por su radicalidad, ha sido la demolición del barrio de Kalijodo, el mayor barrio rojo de Yakarta, la capital indonesia. La demolición de ese barrio y su futura conversión en un parque pretende convertirse en símbolo de la decisión del gobierno indonesio de sustraer la prostitución de entre los encantos turísticos del país isleño.

La decisión del gobierno respecto al barrio de Kalijodo, sin embargo, ha supuesto un problema para los más de 3.000 residentes en la zona. Éstos tuvieron que abandonar el barrio en una semana. De todos ellos, sólo unos pocos han sido reubicados en apartamentos subvencionados por el gobierno. Éste, a su vez, ha ofrecido a las prostitutas indonesias desalojadas la opción de recibir formación profesional para, adquiriendo conocimientos para el desempeño de un oficio, poder abandonar la prostitución y reinsertarse socialmente. Esto, sin duda, no será sencillo, y más de una persona reubicada lo ha expresado en voz alta.

En los centros de enseñanza dedicados a la reinserción de prostitutas indonesias se enseña a las prostitutas a cocinar y a proporcionar servicios de belleza. La orientación religiosa es, también, parte de esa educación de reinserción. El hecho de que el Estado no garantice un empleo tras el proceso formativo hace pensar en el fracaso del plan de reinserción. Hay quien calcula que alrededor del 60% de estas mujeres vuelvan de nuevo a ejercer la prostitución para poder ganarse la vida.

Por otro lado, son muchos los vecinos de Kalijodo que, debido a la actuación gubernamental, se han visto condenados a convertirse en vagabundos. Han perdido sus casas y se han quedado sin nada. De hecho, de esos 3.000 residentes de Kalijodo sólo unos 200 podrán ser reubicados. Muchas de esas personas han sido arrojadas a la miseria. Nuestra pregunta es la siguiente: ¿es el aumento de la miseria de una población la mejor manera de erradicar la prostitución?