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Imperia Cocagna: la cortesana que enamoró a un Emperador y a un Papa

Peter Lenk es un controvertido escultor alemán. En sus esculturas, habitualmente públicas, siempre aletea un cierto e inexcusable aliento sexual. Basta contemplar su obra Imperia. Imperia es una escultura de 9 metros de alto que está emplazada a orillas del lago Constanza, en la ciudad que lleva el mismo nombre que el lago. Esta escultura muestra a una mujer que, vistiendo finas gasas transparentes, nos muestra su ropa interior, sus largas piernas y prácticamente la totalidad de sus redondeados y exuberantes pechos. Esa mujer, además, sostiene en sus manos a dos personajes desnudos. El uno es un Emperador; el otro, un Papa.

Hablar de los tres personajes plasmados por Peter Lenk en esta escultura inaugurada en 1993 implica hablar de tres personas que existieron en la realidad y que coincidieron en un concilio celebrado en Constanza entre 1414 y 1418. El emperador representado sería Segismundo; el Papa, Martín V, y la mujer, Imperia Cocagna (llamada también Imperia Cognati), la, según parece, más bella cortesana de aquella época en que, mediante la convocatoria de un concilio, la Iglesia Católica quería reformarse y acabar con el Gran Cisma de Occidente, un cisma que había hecho que varios Papas gobernaran al mismo tiempo.

Cuando se convocó el concilio de Constanza, en pleno siglo XIV, un siglo que fue, sin duda, un siglo agitado y, en gran medida, un siglo-semillero para futuros cambios, tres hombres decían ser el auténtico Papa, el heredero legítimo de la silla de San Pedro. Con una Europa asolada por la peste negra y una Iglesia convulsionada y fracturada por su propia corrupción, Segismundo de Hungría, en su calidad de Emperador del Sacro Imperio Germánico y como única persona, aparte del Papa, con poder y capacidad para convocar un concilio ecuménico, lo convocó para el año 1414 en Constanza.

El concilio de Constanza duró cuatro años. Durante ese tiempo, más de 70.000 personas se desplazaron a la ciudad imperial. Había allí embajadores de todos los países de la cristiandad, había religiosos, monarcas, nobles, soldados, sirvientes de todo tipo, comerciantes, las cortes tanto del Emperador como del legalmente reconocido Papa de Roma… y había también, y lógicamente, prostitutas. La prosperidad económica de Constanza, indisolublemente unida a la celebración del concilio, hizo que así fuera. De hecho, se cuenta que en los primeros tiempos del concilio se hizo llegar a Constanza a más de 700 prostitutas para atender las necesidades de toda la gente que se había reunido en la localidad. Se dice también que fue el propio Emperador quien, viendo que aquellas 700 mujeres públicas no daban abasto, requirió la presencia en Constanza de 1.500 prostitutas más, algo que no sorprendió a quien conocía la “fogosidad” de Segismundo.

De entre todas las trabajadoras sexuales llegadas el concilio de Constanza hubo una que destacó por encima de las demás. Era una cortesana, una escort de la época, llegaba de Roma y se llamaba Imperia Cognati. Junto a Imperia, las cortesanas llegadas de Roma destacaron por su dominio de artes como la poesía, la pintura o la música. Sofisticadas y elegantes, refinadas y atrevidas, estas cortesanas llegaron a cubrir el hueco que dejaban las mujeres que hasta entonces habían vivido amancebadas con muchos clérigos. El hecho de que la Iglesia endureciera su posición respecto a dicho amancebamiento hizo que estas cortesanas y, con ellas, Imperia Cocagna, empezaran a adquirir un protagonismo especial. Proporcionaban conversación, entretenimiento y, por supuesto, sexo.

El Concilio de Constanza sirvió para que la fama de las cortesanas de Roma corriera por toda Europa. Su elegancia, su finura, su habilidad a la hora de conversar y, claro está, su belleza y liberalidad, hicieron que muchos príncipes y nobles llegados a la que durante esos cuatro años parecía la capital de Europa se quedasen prendados del saber hacer de estas cortesanas llegadas de Roma.

Vida de Imperia

Es fácil imaginar que, debido a la presencia masiva de cortesanas y prostitutas, el ambiente conciliar tuvo algo de babilónico. No en vano, nobles, eclesiásticos, caballeros, cortesanas y prostitutas convivían en estrecha intimidad. Entre toda esa multitud de personas de uno y otro rango, de uno y otro oficio, destacó Imperia Cognati.

Nacida en 1486 del vientre de una famosa prostituta romana e hija, según se rumoreaba, del maestro de ceremonias del Papa Julio II, Imperia Cognati tuvo una magnífica educación. Eso le permitió convertirse en una auténtica cortesana que dominaba varias artes, que fue cortejada por nobles y eclesiásticos y que fue llamada “La Divina” y, también, “La Reina de las Cortesanas”. Imperia, inalcanzable para el común de los mortales, puso buen cuidado en escoger sus amantes. Su cama fue visitada por poetas, comerciantes, altos cargos eclesiásticos e, incluso, un maestro inmortal de la pintura como Rafael, que escogió a Imperia como modelo para algunos de sus cuadros. Uno de esos amantes, del que se dice que fue el gran amor de su vida, fue un banquero, Agostino Chigi. De Chigi se decía que era el banquero más rico del mundo. Fuera aquella afirmación exagerada o no, lo cierto es que, al parecer, Chigi fue el encargado, durante muchos años, de costear el lujoso estilo de vida de la famosa cortesana.

De entre todas las referencias que existen sobre Imperia Cognati y su vida una de las más célebres, sin duda, es la obra del escritor francés Honoré de Balzac La bella Imperia. En esta obra, el escritor francés describe, desde las alas que siempre da la imaginación, el ambiente de aquel Concilio de Constanza marcado por la lascivia y, por supuesto, las idas y venidas de Imperia Cocagna.

Son de Balzac las palabras que hablan de Imperia Cognati como:

“…la más preciosa y caprichosa de las mujeres de mundo, además de pasar por ser la más inteligentemente bella y la que mejor se las componía para engatusar a los cardenales, galantear a los más rudos soldados y opresores de pueblos. Era dueña de valerosos capitanes, arqueros y señores, deseosos de servirla en todo. Con sólo una palabra podía acabar con la vida de aquellos que se mostraban impertinentes”.

De Imperia Cognati se ha dicho que tuvo influencia en la elección de Martín V como nuevo Papa. Hasta qué punto Imperia tuvo influencia en ello es algo que no se sabe con certeza. Tampoco se conocen con certeza las causas de su muerte. Hay quien dice que se suicidó a causa de un mal de amor. Hay quien opina que fue el propio Papa Julio II quien pidió su muerte. Sea como sea, lo cierto es que Imperia Cocagna ha pasado a la historia como la primera cortesana de la historia y por ello, lógicamente, merecía un espacio en nuestro blog.