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Fracaso de la cooperativa de prostitutas de Ámsterdam My Red Light

En su momento ya informamos en nuestro blog de la iniciativa llevada a cabo por el Ayuntamiento de Ámsterdam para permitir que en su famoso Barrio Rojo se abriera un burdel gestionado por las propias prostitutas que trabajaban en él. En nuestro artículo “Ámsterdam tendrá en mayo su primera cooperativa de prostitutas” informábamos de cómo el Ayuntamiento de la capital holandesa, dirigido entonces por Eberhard van der Laan, había decidido que My Red Light, la primera cooperativa de prostitutas abierta en Holanda, dispusiera de 14 escaparates en cuatro edificios del Barrio Rojo para que las trabajadoras miembros de la cooperativa ejercieran allí su oficio formando parte de un negocio autogestionado por ellas mismas.

El objetivo que perseguía el alcalde Van der Laan al tomar esta decisión era “fortalecer la posición de las trabajadoras sexuales” a la hora de defender sus propios intereses, normalizar el ejercicio de la prostitución y mejorar las condiciones laborales de las prostitutas de Ámsterdam. Año y medio después de que My Red Light empezara a funcionar, hay que señalar que la experiencia holandesa no parece haber sido demasiado positiva. La cooperativa está asediada por las deudas, no parece bien gestionada y ha registrado cuatro posibles episodios de tráfico de personas. Este último factor, de comprobarse finalmente, resultaría sin duda muy dañino para el prestigio de My Red Light. No en vano, el de evitar que las trabajadoras sexuales cayeran en manos de mafias traficantes fue uno de los argumentos esgrimidos para justificar el impulso del proyecto cooperativista.

La actual alcaldesa de Ámsterdam, Femke Halsema, del partido ecologista, encargó un estudio sobre la situación de My Red Light a Corinne Dettmeijer, experta en comercio ilegal de seres humanos y violencia sexual, y el estudio ha sido concluyente: la cooperativa de prostitutas de Ámsterdam ha fracasado en la consecución de sus objetivos. Dettmeijer opina que el Ayuntamiento de Ámsterdam no debería haber impulsado nunca ese proyecto. Llegados a este punto, sostiene Dettmeijer, las autoridades municipales sólo tienen dos opciones: involucrarse de manera más decidida en la gestión de la cooperativa o, por el contrario, cerrarla. Esa mayor involucración, afirma Dettmeijer, no tiene por qué implicar un mayor control sobre el trabajo de las prostitutas.

Las trabajadoras de My Red Light consideran hoy que muy probablemente las expectativas por ambos lados, tanto por el del Ayuntamiento como por el de los trabajadores y trabajadoras sexuales, no eran, en el momento de la puesta en funcionamiento de la cooperativa, demasiado realistas.

Desde su inauguración, My Red Light tuvo problemas con ciertas normativas municipales. Una de ellas, que ya destacamos en nuestro artículo “La cooperativa de prostitutas de Ámsterdam, al borde de la quiebra”, es la normativa que prohíbe a la cooperativa el uso de Facebook y de cualquier tipo de red social para publicitarse con vistas a la captación de clientes. Por otro lado, miembros del consejo directivo de My Red Light también se habían quejado de los requisitos que el Ayuntamiento de Ámsterdam imponía a los trabajadores y trabajadoras del sexo que desearan trabajar en la cooperativa.

Una de las circunstancias a las que han tenido que enfrentarse las trabajadoras de esta cooperativa de prostitutas es a la falta de clientes diurnos. Esa falta de clientes durante la franja horaria diurna ha hecho que los costes de mantenimiento de las diferentes “ventanas” superara a los ingresos, algo que en cualquier negocio sólo puede conducir hacia una palabra: quiebra.

Otro duro golpe para la economía de esta cooperativa de prostitutas holandesa ha sido el de las multas impuestas al colectivo. La más dura de ellas fue la multa de 25.000 euros que se le impuso por, según fuentes policiales, no avisar a tiempo de que cuatro de las mujeres que ejercían allí su oficio eran víctimas del trato de personas. Los miembros del consejo directivo de My Red Light, por su parte, han considerado injusta esta sanción, ya que, argumentan, sólo ellos, dentro del oficio, han dado el paso de denunciar la situación de esas víctimas. Al mismo tiempo, aseguran que su relación con la policía ha mejorado en los últimos años.

Es de esperar que la alcaldesa Femke Halsema tome una decisión próximamente respecto a My Red Light.