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Floralias: las fiestas de las prostitutas en la Antigua Roma

Flora era una diosa romana de la primavera y la fertilidad. En su honor se celebraban las floralias, unas fiestas que simbolizaban la renovación del ciclo de vida. Estas fiestas en particular y el culto a Flora era muy popular entre las prostitutas de la Antigua Roma. No en balde, Flora era considerada una de las principales protectoras de las prostitutas.

Flora venía a ser en la mitología romana lo que Cloris era en la mitología griega: la diosa de los jardines y la vegetación. Raptada por Céfiro, dios del viento, se convirtió en una mujer fiel y fértil. Sensual en la intimidad, Flora se comportó siempre públicamente como una mujer decorosa. Cuando se la tenía que representar se hacía mediante la imagen de una bella mujer que llevaba flores tanto en su cabello como en su vestido.

El culto a Flora, como todos los cultos a la fertilidad, es un culto antiguo y de carácter fundamentalmente agrario. Se dice que el culto a Flora fue instaurado por el rey sabino Tito Tacio, rey que compartió el trono de Roma con Rómulo, allá por el siglo VIII a. C. El culto a Flora era uno de los cultos mayores de la cultura romana. Del amplio catálogo de deidades romanas, sólo quince de ellas tenían un sumo sacerdote en exclusiva. Una de esas deidades era Flora. El Flamen Floralis era el sumo sacerdote que se encargaba de velar por el culto a Flora. Éste consistía en su mayor parte en la entrega de ofrendas que iban desde la miel y la leche hasta las rosas y la realización de sacrificios de ovejas.

La asociación de Flora con la primavera hizo que los romanos empezaran a inyectar poco a poco un carácter marcadamente lúdico y festivo en un ritual que originariamente se había celebrado de manera esporádica y coincidiendo con condiciones climatológicas adversas y que, al adquirir periodicidad anual, se fue relacionando, cada vez más, con el mundo de las prostitutas.

Las floralias adquirieron su máximo esplendor durante el Imperio y se volvieron especialmente lascivas en las ciudades. Durante las florarias, la ciudad y sus templos se ornaban con flores y los ciudadanos, también, se adornaban con coronas florales, guirnaldas, etc. Las mujeres, por su parte, se convertían en símbolo perfecto del estallido de colores de la primavera al vestir túnicas variadas y muy coloridas.

Las floralias solían durar hasta altas horas de la noche y en ellas se realizaban dos tipos de espectáculos, los circenses y los escénicos. Entre éstos se podían encontrar representaciones teatrales y mímicas caracterizadas muchas veces por sus contenidos obscenamente humorísticos. Las actitudes lascivas proliferaban dentro de las floralias y las prostitutas de Roma aprovechaban para pasearse por la ciudad con absoluta libertad. En ocasiones, incluso, las prostitutas participaban en las representaciones teatrales y escenificaban combates simulados como si fueran gladiadoras.

Teorías sobre la relación entre prostitutas y floralias

Según muchos autores, las prostitutas de Roma desfilaban en procesión durante la celebración de las floralias participando de forma activa en las celebraciones. El porqué de esa relación especial entre las prostitutas romanas y las floralias es algo que ha dado lugar a todo tipo de explicaciones teóricas.

La primera de esas teorías tiene que ver con la relación existente entre desnudez y naturaleza. Sin duda, hay pocas cosas más naturales que la desnudez. Si en las floralias se quería hacer un homenaje a la naturaleza, la desnudez debía tener una presencia más o menos importante en ella. Pero… ¿qué mujer decente podía exhibirse desnuda? Las prostitutas, así, serían, según los defensores de esta teoría, las únicas mujeres dispuestas a mostrarse desnudas en público.

La segunda teoría habla del sentido mismo de las floralias. Según esta teoría, las floralias no servirían sólo para celebrar el renacimiento de las plantas; también sería una fiesta relacionada, en mayor o menor grado, con el deseo sexual. Al establecerse esa relación entre las floralias y el deseo sexual, las prostitutas vivirían las floralias como una festividad directamente relacionada con su profesión.

Una tercera teoría apunta a una motivación legendaria. Según contaba una leyenda romana, una cortesana romana que se había enriquecido con sus servicios a los patricios, entregó toda su fortuna al pueblo de Roma durante una gran hambruna. Al entregar su fortuna, esta cortesana pidió que se celebraran unos juegos en su memoria. Según esta leyenda, las floralias serían las fiestas que Roma, agradecida, dedicó a esta cortesana.

Fuera como fuera, lo que parece ser cierto es que durante las floralias las prostitutas de Roma desfilaban, desnudándose y realizando gestos obscenos, por los alrededores del templo dedicado a Flora, que se hallaba en las proximidades del Circo Máximo, en la parte baja de la ladera del Aventino, es decir, en un lugar que tradicionalmente se asoció en Roma a la clase plebeya. La presencia de las prostitutas romanas en estas celebraciones atraía a un público muy variado. Lo plebeyo inundaba la calle y, por un día, se aliviaba la rígida moral sexual romana.