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Aumenta el número de casos de afectados por enfermedades de transmisión sexual en Catalunya

Los datos son preocupantes y apuntan en una única dirección: la conciencia sobre la importancia que para la salud tiene el preservativo a la hora de impedir el contagio de enfermedades de transmisión sexual (ETS) ha disminuido de forma considerable en Catalunya durante los últimos años. Sólo de ese modo pueden explicarse el incremento de casos de personas infectadas por este tipo de enfermedades. Sin ir más lejos, los casos de sífilis se han multiplicado por diez y los de gonorrea por cinco.

Este aumento de los casos de ETS no tiene parangón con las cifras que se recogen en otras partes de Europa. Es un caso exclusivamente español y catalán. Se ha perdido el miedo al VIH. Se ha bajado la guardia en la prevención del contagio de este tipo enfermedades. Desde la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas se apunta que, además, se han producido algunos casos de resistencia a los antibióticos.

Los datos, lógicamente, son preocupantes. Tanto, que en un estudio publicado recientemente por el Centro de Estudios Epidemiológicos sobre el VIH y Otras Infecciones de Transmisión Sexual de Catalunya (CEEISCAT) se señala que cada día se producen dos contagios de VIH en Catalunya. Ante dichas estadísticas (los casos de clamidia han experimentado un aumento del 17% y los herpes genitales han aumentado en un 26%), los expertos médicos y las autoridades sanitarias se han planteado la necesidad de reforzar las políticas de prevención y detección precoz de las enfermedades de transmisión sexual. Llevar la realización de la llamada prueba rápida de detección del VIH o la sífilis a los centros de atención primaria puede ser una buena medida para hacer que esas enfermedades no se propaguen con tanta facilidad como parecen hacerlo ahora. Educación, prevención y una ágil y rápida asistencia médica pueden ser los tres pilares sobre los que apoyar una política orientada a hacer disminuir los casos de ETS para acercarlos de nuevo a esos parámetros europeos de los que en los últimos años nos hemos alejado.

Lejanas en el tiempo quedan campañas institucionales como la recordada del “Póntelo, pónselo” de los años 80. Con aquella campaña, las autoridades consiguieron extender el uso de los preservativos entre los más jóvenes. Aquella campaña fue importante no sólo para disminuir el número de enfermedades de transmisión sexual en unos años en los que el SIDA hacía estragos. También lo fue para reducir el número de embarazos no deseados. Hoy, los jóvenes vuelven a ser, de nuevo, uno de los colectivos más afectados por estas enfermedades. ¿Quiere eso decir que, desde que la campaña del “Póntelo, pónselo” arraigó en las conciencias de toda una generación, la información sobre los riesgos de contagio de las ETS y la importancia del uso del preservativo ha desaparecido? No. Un ejemplo de ello es la siguiente cifra: el Instituto de la Sexualidad y la Pareja de Barcelona realizó durante el pasado curso casi 600 talleres a unos 15.000 alumnos catalanes. ¿Por qué entonces este aumento de las enfermedades de transmisión sexual? Principal y fundamentalmente, por una explicación de inconsciente optimismo psicológico. Sabemos que esas enfermedades existen pero pensamos que no nos van a afectar a nosotros. Desde luego, un modo muy inconsciente e ignorante de jugar a la ruleta rusa.

Otro factor que podría explicar el aumento de las ETS es el incremento de la promiscuidad sexual. Que una misma persona mantenga más relaciones sexuales con personas distintas es, hoy, más común que hace tres décadas. Las costumbres sexuales han cambiado. Por ejemplo: hay unidades de tratamiento de enfermedades de transmisión sexual que han señalado cómo suele producirse un aumento generalizado de las infecciones de transmisión sexual cada vez que se celebran grandes acontecimientos o fiestas del colectivo gay en alguna de nuestras grandes ciudades.

Sea por unos motivos o sea por otros, lo cierto es que los datos no engañan: enfermedades como la sífilis o la gonorrea vuelven a ser motivo de preocupación y por eso es necesario extremar las medidas profilácticas. El uso del humilde condón vuelve, de nuevo, a convertirse en una prioridad que debería estar presente en toda relación sexual de carácter esporádico.