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El condón, obligatorio en los prostíbulos alemanes

En 2002 Alemania ya dio un paso al frente al regular el trabajo de las trabajadoras del sexo. Se las consideró prestadoras de servicios, se les dieron derechos laborales y pasaron a tener cobertura social. En contrapartida, estaban obligadas a pagar impuestos. Su faena quedaba, pues, regularizada en el seno de una economía, la alemana, en la que la prostitución mueve más de 15.000 millones de euros al año.

El gobierno federal de Angela Merkel ha dado ahora un paso más para regular el ejercicio de la prostitución: ha impuesto la obligatoriedad de usar preservativo en el comercio sexual. Si esta obligación se viola, tanto el cliente como el burdel serán castigados legalmente. Esta medida ha planteado muchas discusiones. La principal de ellas gira alrededor de una pregunta capital: ¿cómo vigilar el estricto cumplimiento de la ley? Verdaderamente, parece complicado. Una diputada de la oposición declaró que vigilar el cumplimiento de esta ley “es igual de difícil que controlar a los que orinan en las piscinas públicas”. El jefe de la policía, por su parte, también ha declarado que la policía no podrá controlar que la ley se cumpla. Después de todo, ¿cómo vigilar lo que sucede, dentro de un cuarto, entre una prostituta y su cliente?

Las nuevas disposiciones que sobre la prostitución ha aprobado el ejecutivo alemán afectan también al control sanitario de las profesionales del sexo. Según indica la ley, deberán pasar una “asesoría médica” una vez al año todas las prostitutas que tengan más de 21 años. Las menores de esa edad deberán hacerlo cada medio año. En un principio se había planteado que sólo las mayores de 21 años estuvieran autorizadas legalmente a ejercer la prostitución. Al final, y con el argumento de no establecer discriminaciones entre las menores y las mayores de esa edad, se ha aprobado que la prostitución pueda ejercerse legalmente a partir de los 18 años.

Otras normativas que se han aprobado han sido la que hace referencia a la necesidad de una autorización legal y el ajustarse al reglamento para abrir un prostíbulo y la obligatoriedad de realizar un registro de prostitutas. Esta última medida está destinada a luchar, en la medida de lo posible, contra el proxenetismo.

También se ha prohibido cualquier tipo de “tarifa plana sexual” que permita, en una misma velada y por un precio justo, hacer uso cuantas veces se quiera de los servicios de un burdel.