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Retirada de vallas publicitarias de agencias de escorts por el congreso de móviles

Una vez más, el Mobile World Congress (MWC) está aquí. Y, una vez más, la polémica le envuelve. La culpa la tiene una valla publicitaria que, ubicada a un centenar de metros de las instalaciones de la Fira de Barcelona en L’Hospitalet de Llobregat y junto a las vías de Adif que, provenientes del Aeropuerto, van hacia la Estación de Sants, anunciaba los servicios de una agencia de escorts.

Y decimos anunciaba porque una empresa de móviles de primera línea mundial solicitó a la organización del congreso la retirada de dicha valla publicitaria. ¿El motivo? Que dicha empresa de móviles tenía contratada otra valla publicitaria justo al lado de la contratada por la agencia de señoritas de compañía. La organización del Mobile World Congress solicitó a esta agencia de prostitutas de lujo que, por favor, retirara ese anuncio. Esta presión, que el año pasado no dio sus frutos, sí ha conseguido darlos en la presente edición. Durante una semana, la valla que anunciaba servicios eróticos quedará en blanco, sin anuncio alguno. Eso impedirá que la marca de móviles y la agencia de escorts puedan verse asociadas aunque sea por una mera casualidad de coincidencia espacial publicitaria.

Ciertamente, el caso hace sonreír. A nadie que trabaje en este sector en el que nosotros trabajamos se le escapa que las ferias de muestras son una gran oportunidad para el mismo. Todos sabemos cómo aumentan las demandas de servicios de prostitución en estas fechas. No hace falta hacer encuestas. Nos dedicamos a la publicidad y sabemos positivamente cómo los datos de visitas a las páginas web en las que se anuncian escorts aumentan de manera significativa como aumentan de manera significativa las profesionales del sexo que, desde los diferentes puntos del país, se desplazan en esos días a la ciudad de Barcelona para ejercer su oficio. Por eso causa un poco de sonrojo esa actitud mojigata de quienes, en el fondo, son unos de los mejores clientes de las maravillosas chicas de compañía que trabajan en nuestra ciudad.

Lógicamente, nada hay inventado. Y la actitud de esos dioses de la tecnología que evitan compartir publicidad con una agencia de escorts pero que afortunadamente aderezan sus noches lejos de sus casas y de sus familias con la compañía de esas mismas escorts con las que no quieren aparecer publicitariamente relacionados tiene un nombre inventado hace ya tiempo: doble moral.

Siempre se dijo que la doble moral fue la característica principal de la sociedad victoriana inglesa, una sociedad que, en apariencia, fue el reino de lo puritano y de las normas estrictas de comportamiento. ¿Por qué decimos en apariencia? Porque no era oro todo lo que relucía. Porque una cosa era lo que la gente aparentaba ser en público y otra muy distinta lo que en verdad se era en los círculos estrictos de lo privado. El número de salas de juego, de locales para espectáculos eróticos y de burdeles registrados en la época lo demuestra. La sociedad victoriana, pues, ha sido tenida como modelo claro de lo que es la doble moral.

Pero no ha sido el único. Hay épocas en los que el discurso oficial y los valores proclamados por los diversos regímenes han chocado de frente con las costumbres privadas. No hace falta recordar el discurso nacionalcatólico que imperó en España tras la Guerra Civil. Aquel discurso, infectado de moralina, era pronunciado por las mismas bocas que giraban la vista ante el aumento de la prostitución o a la instauración de una figura muy de la época como era la “mantenida”, es decir, aquella amante a la que un señor bien colocado y con cierto status dentro del régimen le montaba un pisito y le pagaba los caprichos a cambio de favores eróticos. Para hacerse una idea de hasta qué punto la doble moral se había instalado en las entretelas de la sociedad española durante esos años de postguerra basta leer esa gran novela que escribiera Camilo José Cela y que lleva por título La Colmena.

En los tiempos que corren, cuando parece que los efectos letales que el nacionalcatolicismo tuvo sobre la educación sexual de los españoles parecen ir diluyéndose poco a poco y cuando los españoles parecen ir adoptando una actitud más natural hacia todo lo referente al sexo, la doble moral sigue, sin embargo, y como demuestra el caso comentado en este post, imperando. No importa tanto que las presiones vengan de un monstruo internacional con cabeza oriental y ramificaciones extendidas por todo el mundo como que, en última instancia, nuestras autoridades cierren los ojos ante la realidad y, disimuladamente y como silbando, miren hacia otro lado consintiendo con el sonrojo de la doble moral aceptada e instaurada como norma de comportamiento.

Y es que, cuando se habla de prostitución, la doble moral acaba intoxicando gran parte de los discursos. No se legisla sobre la prostitución. Los políticos prometen ocuparse de ella (en uno u otro sentido) en sus programas electorales y, llegados al poder, la colocan en la carpeta de asuntos pendientes y ahí la dejan, hasta que acaba el mandato. Unos hablan en sus programas de derechos de las mujeres y alzan la bandera de la ilegalización. Otros prefieren hablar de legalización y, con ello, de la necesidad de regularizar la situación de quienes, al fin y al cabo, no dejan de ser trabajadoras. Del sexo, sí; pero trabajadoras. Unos y otros, los permisivos y los censores, acaban finalmente enredándose en la red de la palabra prostitución.

Y es que la palabra prostitución encierra muchas realidades. Nosotros, lógicamente, siempre defenderemos de entre los diferentes modos de ejercer la prostitución aquélla que engloba a las mujeres que, de manera libre y por voluntad propia, escogen dedicarse a comerciar con su cuerpo para ganarse la vida. ¿Quién, y en nombre de qué, puede prohibir a estas mujeres dedicarse a la prostitución si ellas lo desean? ¿Por qué alguien, para ganarse la vida, puede alquilar por un salario casi de subsistencia su mente o su fuerza física y no puede, por un precio determinado por ella misma, alquilar su sexo? Ninguna de estas preguntas es nueva. La respuesta que cada uno demos a ella determinará nuestra postura ante el tema de la prostitución. Y también nuestra mayor o menor implicación en el arraigo social de esa doble moral que, al mismo tiempo que solicita eliminar vallas de anuncios de prostitución, marca el número de teléfono de una bella, simpatiquísima y muy sensual escort.