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Día Internacional de las Trabajadoras del Sexo

Sucedió hace hoy cuarenta años. El 2 de junio de 1975, alrededor de 150 prostitutas ocuparon la iglesia de St. Nizier, en Lyon (Francia), para protestar por la situación de violencia y hostigamiento policial que sufrían. Durante los meses anteriores se habían producido varias agresiones a prostitutas y hasta alguna que otra muerte y las prostitutas francesas, en lugar de sentirse amparadas por las fuerzas policiales, decían sufrir su acoso. Las multas y las encarcelaciones de prostitutas eran habituales y el razonamiento esgrimido por la policía y los mandos políticos para justificar dicha acción se fundamentaba en el compromiso de ellas por acabar con el trato de personas.

Las prostitutas y grupos de apoyo que se encerraron en dicha iglesia francesa enviaron un documento a los diarios más importantes del país. En dicho manifiesto (titulado Chicas alegres en la casa del Señor) explicaban los motivos de su encierro. Entre ellos figuraba el de desear hacerse visibles y el de enfrentarse de ese modo a la hipocresía social imperante. En dicho texto podía encontrarse el siguiente párrafo:

“Esperamos nuestra libertad en tanto que mujeres tal y como somos, y no tal y como queréis que seamos para tranquilizar vuestra conciencia (…). No tengáis miedo: esta liberación no supondrá automáticamente una proliferación de las prostitutas. A no ser que nosotras, las mujeres, seamos todas chicas a las que únicamente reprimía el miedo a la policía”.

La protesta de las prostitutas se extendió a otras ciudades francesas, y comunidades de Marsella, Grenoble, Montpellier o París dieron su apoyo a la movilización de las trabajadoras sexuales de Lyon.

Este acontecimiento, fundamental en la historia de la lucha de las prostitutas por sus derechos, es el que ha permitido convertir el 2 de junio en Día Internacional de las Trabajadoras del Sexo. Son muchas las organizaciones de trabajadoras sexuales que, a nivel mundial, aprovechan el día de hoy para lanzar sus manifiestos y hacer públicas sus reclamaciones. Muchas de esas reclamaciones coinciden con las que hace ya cuarenta años hicieran las prostitutas de la iglesia de St. Nizier.

Lamentablemente, eso sólo indica una cosa: poco se ha avanzado en estos cuarenta años en la regularización de los derechos de las trabajadoras sexuales, que siguen viviendo y trabajando en muchos lugares del mundo (incluyendo aquí nuestro país) en un limbo legal en el que la hipocresía social y la manipulación interesada de la realidad de la prostitución por parte de diferentes agentes sociales y políticos ocultan una situación francamente mejorable para todas aquellas personas que quieren ejercer su oficio de una manera digna.