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Una activista de la despenalización de la prostitución se arrepiente

En nuestro blog ya hemos dedicado más de un artículo a los debates sobre la despenalización de la prostitución o su regulación y hemos recogido diversas opiniones a favor o en contra de la misma. En esta ocasión vamos a hacer referencia a un artículo editado hace apenas unos días por elconfidencial.com y en el que se hablaba de la experiencia de Nueva Zelanda, país pionero a la hora de reformar el estatus legal de las trabajadoras sexuales.

El artículo al que hacemos referencia, firmado por Héctor G. Barnés, llevaba como título “La prostituta que quería la despenalización y por qué cambió de opinión al conseguirla” y está centrado en la figura de la prostituta y activista neozelandesa Sabrinna Valisce.

Conferenciante y autora del libro You Are Not Alone, Sabrinna Valisce se sinceró hace unos días en una entrevista concedida a la BBC y apuntó que, seguramente, la Prostitution Reform Act (la ley por la que se despenalizó la prostitución en Nueva Zelanda) no ha resultado, de entre todas las opciones, el más eficiente o, cuanto menos, no ha resultado aplicada de la mejor manera.

Según Sabrinna Valisce, que había luchado mucho por ella, la despenalización de la prostitución que acarreaba la Prostitution Reform Act “consiguió lo opuesto de lo que pretendía”. Por ejemplo, Sabrina Valisce apuntaba en la mencionada entrevista de la BBC como la despenalización de la prostitución y la rápida legalización de los burdeles incidió negativamente en la independencia de las trabajadoras sexuales. Éstas, que anteriormente habían sido quienes decidían sus tarifas, se veían atrapadas en una nueva tarificación en la que imperaba el “todo incluido”.

Otro de los efectos que la despenalización de la prostitución, legalización de los burdeles y la entrada en vigor de la Prostitution Reform Act tuvo sobre el trabajo de las prostitutas en Nueva Zelanda fue la incorporación al catálogo de servicios de las prostitutas neozelandesas de servicios que hasta entonces no se acostumbraban a realizar como pueden ser los besos apasionados o la práctica del sexo oral natural (esto es: sin protección). Al imperar el “todo incluido” en los burdeles, las prostitutas independientes se vieron “obligadas” a introducir estos servicios en su oferta para, así, poder competir en mejores condiciones con sus competidoras.

Entre las prácticas que, según Sabrinna Valisce, se fueron incorporando al catálogo de servicios de las prostitutas neozelandesas tras la Prostitution Reform Act se incluyen, por ejemplo, prácticas de humillación sexual y de cierta violencia que, pagándose aparte, podían servir a una trabajadora sexual para conseguir una clientela extra. Por otro lado, la despenalización de la prostitución y legalización de la prostitución los burdeles implicaba que éstos no pudiesen ser inspeccionados tan “fácilmente” por la policía. Con ello, los abusos se obviaban en muchos lugares y prácticas como las que anteriormente hemos citado (tirones de pelo, ahogamientos, golpes de mayor o menor intensidad) se empezaron a volver más numerosos.

Por situaciones así es por lo que Sabrinna Valisce se ha mostrado crítica con la postura de organizaciones como Amnistía Internacional. Esta organización, ya lo recogimos en uno de nuestros posts, mantiene, según se recoge en el artículo de Héctor G. Barnés, que “la despenalización da un mayor poder a las trabajadoras sexuales para operar independientemente, organizarse en cooperativas informales y controlar sus entornos de trabajo”. Para Valisce, por el contrario, la experiencia fue la contraria: las prostitutas neozelandesas, tras aplicarse la Prostitution Reform Act y despenalizar la prostitución, perdieron su independencia económica y perdieron su capacidad de decisión.

Sabrinna Valisce, frente a las posturas despenalizadoras o prohibitivas, propone un modelo intermedio ejemplificado por el modelo noruego de tratamiento de la prostitución. Dicho modelo despenaliza la venta de sexo pero prohíbe su compra o su intento. Es decir: se protege a la prostituta y se persigue al cliente.

Otros autores, enfrentándose a esta posición, han abjurado del modelo noruego argumentando que dicho sistema ignora las opiniones de las profesionales del sexo convirtiéndolas en víctimas de la industria del sexo. Por tal motivo, las prostitutas, puestas a escoger entre la despenalización de la prostitución y la legalización de la misma, optan por la primera opción. La legalización, afirman muchas activistas, las lleva a los abusos y a la desempoderación.