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“El putero español”: retrato-robot del cliente de la prostitución en España

Lo ha editado la Editorial Catarata. Su título, El putero español. Escrito por la catedrática de la Universidad de Vigo Águeda Gómez Suárez, este libro, que es el resultado de una investigación financiada por el Instituto de la Mujer y realizada por la propia Gómez Suárez con la colaboración de Silvia Pérez y Rosa María Verdugo, intenta ofrecer un retrato robot del cliente español de los servicios de prostitución.

Desde un punto de vista contrario a la existencia de la prostitución y, por tanto, cargando las tintas contra el papel del cliente de la prostitución, el estudio revela cómo no es posible realizar un retrato demasiado ajustado de los clientes de la prostitución en España. ¿Qué quiere decir esto? Que puede serlo cualquier persona. No importa la clase social ni la ocupación ni el nivel de formación ni la ideología política. Entre los 17 y los 80 años, cualquier hombre puede ser cliente de cualquiera de las casi 300.000 mujeres que ejercen la prostitución en España.

Gómez Suárez resalta cómo el consumo de prostitución se entiende como una forma de consumo más. Este consumo es, en muchos casos, grupal. Varios hombres juntos, de copas, deciden acudir a un club para disfrutar de la compañía de una prostituta. No se valora en estos casos la discreción. Se entiende que es una cosa de hombres, una manera de reforzar su masculinidad, un acto muy arraigado en las sociedades profundamente patriarcales. En el caso de los apartamentos privados, el consumo sí se individualiza y el nivel de discreción aumenta.

Los datos recogidos por Gómez Suárez señalan cómo el tipo de servicios solicitados por los clientes españoles de la prostitución no difieren en exceso de los servicios que a las prostitutas se solicitan en otros países del entorno europeo. Los clientes españoles de la prostitución no son, así, diferentes de los clientes alemanes o franceses. Sólo en una cosa se diferencian de ellos: los hombres españoles acuden en más ocasiones a los “espacios prostitucionales” que los hombres europeos.

En El putero español se reflejan también las diferentes actitudes que puede adoptar el hombre español al contratar los servicios de una prostituta. Según Águeda Gómez, los hay que están convencidos de su habilidad sexual y dan por supuesto que la mujer disfruta de su compañía; los hay que se muestran completamente indiferentes al hecho de que la mujer pueda disfrutar o no; y, finalmente, los hay que son conscientes de que es muy difícil que la mujer pueda gozar en estas circunstancias. Estos últimos, señala la autora de El putero español, son conscientes de estar ejerciendo una relación de dominio. El sufrimiento y la dominación, señala Águeda Gómez, “es parte de lo que quieren comprar” los clientes de la prostitución que encajarían dentro de este perfil.

Finalmente, Águeda Gómez intenta apuntar los motivos de que existan tantos clientes de la prostitución en España y de que ésta esté tan extendida. Dejando de lado las circunstancias económicas de muchas prostitutas que se ven obligadas a ejercer el oficio, Gómez señala tres factores: el hecho de vivir en una cultura afectivo-sexual anímica y llena de carencias, la inexistencia de una educación sexual adecuada y la implantación cultural de una socialización erótica basada en la pornografía.

Con El putero español, Águeda Gómez Suárez se propone introducir el papel desempeñado por el cliente de la prostitución en el debate que, de un tiempo a esta parte, se está realizando sobre la misma. Y que sigue abierto.