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Casa Xochiquétzal, el albergue mexicano de las prostitutas jubiladas

La diosa de la belleza y el placer amoroso (también de las flores y de las artes) de la mitología mexicana tenía un nombre: Xochiquétzal. Xochiquétzal era una joven hermosa y alegre cuya misión era la de proporcionar placer a los jóvenes y hacer caer en la tentación a los castos. Un símbolo de la femineidad. La protectora divina del trato carnal. La protectora de las prostitutas. Todo eso era Xochiquétzal. Y Xochiquétzal es, precisamente, el nombre de un albergue único en el mundo, la Casa Xochiquétzal.

Ubicado en el centro histórico de Ciudad de México, en un inmueble donado en 2006 por el Gobierno de la Ciudad, Casa Xochiquétzal es un albergue para prostitutas retiradas en el que conviven 20 meretrices de entre 51 y 84 años. Estas prostitutas (cada una con su historia a cuestas, como espléndidamente lo cuenta el periodista Javier Brandoli en su artículo “En el asilo único de las prostitutas jubiladas”, editado en el diario El Mundo el pasado 30 de agosto) conviven en este albergue para prostitutas que es Casa Xochiquétzal compartiendo habitaciones, participando en talleres de actividades, encargándose de la limpieza de cuartos y baños, sirviéndose de los servicios de atención médica y psicológica y de un aula en la que se imparten cursos distintos.

Casa Xochiquétzal nació a partir de una idea de Carmen Muñoz, una prostituta que entonces tenía unos 50 años y que decidió dar un paso adelante para ayudar a las compañeras que vivían en la calle, en condiciones míseras. Con la ayuda de la escritora Elena Poniatowska, la artista Jesusa Rodríguez y Marta Lamas, directora de la Asociación Mexicana Pro Derechos de la Mujer, Carmen Muñoz consiguió la cesión del inmueble que es hoy la sede de Casa Xochiquétzal.

En sus orígenes, Casa Xochiquétzal sólo aceptaba la presencia de mujeres mayores de 55 años que no dispusieran de red familiar alguna que pudiera encargarse de ellas. La experiencia ha hecho que, finalmente, este albergue para prostitutas mexicano acepte también entre sus paredes a mujeres más jóvenes. El único requisito que se exige actualmente para poder ser acogida en este albergue es el de ejercer o haber ejercido la prostitución.

Casa Xochiquétzal está pasando por un momento difícil. Este proyecto necesita de múltiples ayudas económicas y los recursos de que dispone la dirección del mismo no siempre bastan para cubrir las necesidades mínimas. El albergue para prostitutas se mantiene en funcionamiento gracias a los donativos de los ciudadanos. Con esos donativos deben costearse los alimentos y el suministro de gas que permite cocinarlos y, al mismo tiempo, proporcionar agua caliente para el baño. Con dichos donativos, también, se debe costear la compra de shampoos, cremas, detergentes, artículos para el aseo personas, etc.

Desde su página web, Casa Xochiquétzal solicita la ayuda, en forma de donativo, de todas aquellas personas que quieran colaborar con su proyecto y con este albergue para prostitutas, único en el mundo.