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El “sospechoso” crimen de Carmen Broto, una prostituta de lujo asesinada en la Barcelona de posguerra

La calle Legalitat es una calle del barrio barcelonés de Gràcia. En un huerto de esa calle se encontró el cadáver semienterrado de una mujer. Era el 11 de enero de 1949 y la fallecida era Carmen Broto, quizás la más famosa prostituta de lujo de la Ciudad Condal durante la posguerra.

Carmen Broto era el nombre con el que se conocía a Carmen Brotons Buil, una mujer nacida en Guasa (Huesca) y que había dejado su pueblo con la idea de probar fortuna. Rubia y alta, Carmen Brotons no tardó en darse cuenta de que llamaba la atención de los hombres cuando paseaba por las calles y los parques de la ciudad. Tenía dieciocho años y era una mujer guapa y que irradiaba sexualidad por todos los poros de su piel, justo el tipo de mujer que a la mayor parte de los hombres les gusta tener en la cama. Empleada como “chica de servir”, Carmen Brotons Buil decidió abandonar ese trabajo para dedicarse a la prostitución. Fue entonces cuando se cambió el nombre por el de Carmen Broto y entonces también cuando empezó a relacionarse con hombres de la alta sociedad catalana.

Carmen Broto, con su cabello teñido de rubio platino, espectacular y tentadora, ganó popularidad cuando recorrió los mejores salones de la ciudad del brazo del empresario Juan Martínez Penas. Del brazo de quien era propietario del teatro Tívoli, Carmen Broto empezó a ser una mujer deseada por los burgueses de Barcelona. Para la alta sociedad catalana, Broto era la “querida” de Martínez Penas. La realidad, en verdad, y más allá de los rumores, era otra: Carmen Broto era la llamativa tapadera tras la que el empresario teatral ocultaba su homosexualidad.

Carmen Broto fue de cama en cama. Todas ellas compartidas con personajes influyentes de Barcelona. Por el lecho de Carmen Broto pasaban políticos, banqueros y gente de las artes. De entre todos esos hombres, uno de ellos se convirtió en alguien muy especial. Ese hombre fue Julio Muñoz Ramonet, propietario de los almacenes El Águila, conocido en la alta sociedad barcelonesa como “el rey de estraperlo” y marido de Carmen Villalonga, hija del presidente del Banco Popular. Muñoz Ramonet “le montó un piso” a Carmen Broto en la calle Sant Antoni Maria Claret. Carmen Broto, a la que se conocía con el sobrenombre de “Cascabelitos”, también gozó del usufructo de un piso mantenido por Ramón Pané, otro empresario de la alta burguesía catalana.

Broto, mimada por sus amantes, atesoró un importante número de joyas y abrigos de pieles. Fue precisamente con un abrigo de astracán con lo que apareció envuelto su cadáver. La sociedad barcelonesa hizo sus cábalas sobre la razón de aquel asesinato. Para muchos, la prostituta de lujo que había sido Carmen Broto había sido asesinada por orden de algún empresario barcelonés para que no pudiera contar lo que le había sido confiado en la intimidad del lecho.

La versión oficial del asesinato

La versión oficial sobre el asesinato de Carmen Broto fue otra. Y la versión oficial hacía referencia al único punto débil que, como mujer, parecía tener aquella prostituta de lujo que hacía suspirar de deseo a los gerifaltes del régimen y a los empresarios de la Barcelona de la inmediata posguerra. El punto débil de Carmen Broto tenía nombre de hombre: Jesús Navarro Manau. Jesús Navarro Moneu, hijo de un delincuente profesional, era chapero y camello. Él se encargaba de proporcionar cocaína en ciertos ambientes de la alta sociedad y, por decirlo de algún modo, había robado el corazón de Broto. Ambos, en el fondo, debían sentirse dos desclasados en el ambiente en el que, por motivos profesionales, se movían. Y ese sentimiento compartido hizo que entre ambos se forjara una relación especial. La versión oficial hizo hincapié que esa relación fue la que llevó a la muerte a Carmen Broto.

La versión oficial sostiene que fue Jesús Navarro Gurrea quien planeó la muerte de Broto. El objetivo era robar las joyas con las que Carmen Broto acostumbraba a adornarse. El golpe deberían darlo su hijo, Navarro Moneu, y su ayudante Jaime Viñas. Fueron ellos los que recogieron a Broto con un Ford Sedán de alquiler cuando ésta regresó del cine Metropol, al que había acudido con Martínez Penas. Fue con ellos con quienes la más famosa escort de lujo de la burguesía barcelonesa de posguerra se fue de copas.

El plan de Navarro Gurrea era que su hijo condujera el coche y que Viñas, desde el asiento trasero del vehículo, golpeara la cabeza de Carmen Broto con un mazo de hojalatero cuando llegaran a la calle Legalitat y ésta estuviera lo suficientemente borracha como para no oponer resistencia alguna. En aquella calle del barrio de Gràcia, a apenas unos metros de la calle Escorial, tenía un huerto Navarro Gurrea y, según el plan diseñado por quien era conocido en círculos policiales como El Espadista, era en ese huerto donde debía ser enterrada la prostituta asesinada. Los acontecimientos no se desarrollaron como se había planificado y Broto mantuvo, dentro del coche, un violento enfrentamiento con sus agresores antes de llegar a la calle Legalitat.

Cuando llegó a esa calle, Carmen Broto, desangrándose, agonizaba. La malenterraron en el huerto citado y se separaron con la idea de abandonar la ciudad. Lo que sucedió tampoco tenía nada que ver con lo que, según contó Navarro Moneu a la policía, era el plan original de su padre. Y es que aquella noche del 11 de enero de 1949 no sólo murió Carmen Broto. También murieron Jaime Viñas y el, según la versión oficial, el urdidor del plan, Jesús Navarro Gurrea. Gurrea fue hallado muerto a pocos metros del huerto de la calle Legalitat. Viñas, en una habitación de hotel unos días después. Ambos habían ingerido cianuro. A escasos metros del huerto en que fue hallado el cadáver de Carmen Broto se encontró también el Ford Sedán en el que se había perpetrado el crimen. Estaba inundado de sangre.

La policía, tirando del hilo de Navarro Gurrea y tras haber encontrado joyas por valor de 120.000 pesetas en el domicilio de Javier Navarro Moneu, localizó a éste y obtuvo su declaración. En su declaración, Navarro Moneu acusaba a su padre de autor intelectual de la muerte de Carmen Broto y a éste y a Jaime Viñas como autores materiales del crimen.

Ante los rumores que empezaron a circular por Barcelona, el ministro de la Gobernación impuso el silencio a la prensa. Lo único que podía publicarse al respecto eran los comunicados de la Dirección General de Seguridad. Algunos años después, a mediados de los años cincuenta, El Caso publicó algunas fotografías de Carmen Broto. Juan Aparicio, responsable de censura, telefoneó de inmediato al fundador y editor del semanario para prohibirle publicar nada más sobre Carmen Broto.

La Audiencia Provincial condenó a Jesús Navarro Moneu a garrote vil. La pena fue conmutada por la de cadena perpetua. Finalmente, Javier Navarro Moneu sólo cumplió 11 años de cárcel. En la conmutación de la pena tuvieron mucho que ver antiguos “amigos” de Carmen Broto. Salido de prisión y pasados unos años, Jesús Navarro Moneu concedió una entrevista al diario La Vanguardia. El titular de ese artículo era el siguiente: “El silencio me salvó la vida”. Tantos años después, hay una pregunta que parece seguir exigiendo una respuesta: ¿quién mató de verdad a Carmen Broto?