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Viejos prostíbulos de la calle Arc del Teatre

Si hablamos de la historia de la prostitución en Barcelona tenemos que hablar, obligatoriamente, del barrio del Raval o de lo que durante gran parte del siglo XX se llamó (y para mucha gente continúa llamándose así) Barrio Chino. El Raval ha sido, históricamente, el barrio “canalla” de Barcelona. Lo que en el siglo XIV eran campos de cultivos acabó convirtiéndose en tierra de conventos (primero, allá por el siglo XV) y en barrio obrero (en los siglos XVIII y XIX) en el que, progresivamente, se fueron arracimando tabernas, bares, cafés y, por supuesto, prostíbulos.

Si algún barrio de Barcelona ha estado relacionado directamente con el ejercicio de la prostitución a lo largo de la historia de la ciudad ese barrio es el Raval. Barrio portuario, barrio arrabalero, barrio en el que, según palabras del periodista y dramaturgo Francisco Madrid (1900-1952), se juntan de “una manera absurda y única la casa de lenocinio y la lechería para los obreros de la madrugada”, el Raval es un territorio en el que esquinas y portales guardan el recuerdo de generaciones y generaciones de prostitutas a la espera de clientes. En la zona baja de las Ramblas, en sus bocacalles, en la calle Unió, en la de Sant Oleguer, en la de Sant Pau, en la de Robadors, en la del Cid, en la vieja calle de las Tapias… en todas esas calles parece resonar todavía el tac-tac de los tacones de las prostitutas. Y con mayor fuerza parecen resonar todavía en la que fue una de las calles más emblemáticas del barrio: la calle Arc del Teatre.

Fue en esta calle, estrecha, que se abre a la derecha de Las Ramblas según se baja al puerto, donde históricamente se agruparon un número significativo de prostíbulos. En este artículo vamos a rendir homenaje a algunos de los más populares prostíbulos de la calle Arc del Teatre.

Bar Internacional

El Bar Internacional estuvo ubicado durante casi cinco décadas en la esquina de la calle Arc del Teatre con la calle Montserrat. Existente ya en la década de los veinte, fue en 1929 cuando, aprovechando el boom que la ciudad experimentaba gracias a la Exposición Universal, su propietario realizó reformas en el mismo para convertirlo en un local más chic.

En este bar-prostíbulo de la calle Arc del Teatre se organizaban bailes (tocaba una orquesta de jazz) y las profesionales de la prostitución esperaban a sus clientes a la entrada del mismo.

Las prostitutas de este prostíbulo de la calle Arc del Teatre se prostituían por precios muy asequibles. Aunque el Bar Internacional sobrevivió a la Guerra Civil, lo hizo de una manera precaria y mucho más miserable. Llegada la posguerra, el Bar Internacional se convirtió en un “bar de camareras”.

El Bar Internacional era un bar de unos catorce metros de largo por cinco de ancho, que tenía al fondo un reservado separado de la sala principal. En dicha sala había una barra, una gramola y unos divanes. El cliente que deseara entrar en el reservado de este prostíbulo de la calle Arc del Teatre debía invitar a la chica de turno a un whisky.

El Bar Internacional fue cerrado en enero de 1968 por orden gubernativa con una acusación a los propietarios del mismo por corrupción de menores. En la actualidad, en el lugar que ocupaba este prostíbulo de la calle Arc del Teatre se encuentran unos apartamentos destinados al alquiler turístico.

Madame Petit

El de Madame Petit es, sin duda, el prostíbulo más famoso que ha existido nunca en el Barrio Chino barcelonés. Se cree que se abrió allá por el 1888, alrededor de la primera Exposición Universal. Fue sin embargo entre 1915 y 1920 cuando Madame Petit vivió sus mejores años. Se cuenta que la actividad de este prostíbulo de la calle Arc del Teatre, 6 fue tan intensa que se tuvo que construir un muro para que los vecinos de la misma no pudieran ver las ventanas del burdel.

Exteriormente, Madame Petit era identificado de una manera discreta y sencilla con un sencillo rótulo luminoso en el que podía leerse “Petit”. Dentro, el lujo convertía a Madame Petit en un prostíbulo especial. Sus techos mostraban pinturas en las que reproducían escenas sexuales y el espacio central de este burdel de la calle Arc del Teatre estaba rodeado por columnas con figuras femeninas y pequeños palcos. Madame Petit llegó a disponer en sus mejores años de servicio de restaurante y de un pequeño salón privado reservado para los clientes más exclusivos y para las prácticas sexuales menos comunes.

Habitaciones limpias y acogedoras dotadas de bidet, cambio de sábanas después de cada servicio, decoración lujosa, monedas propias, ascensor, incluso un pequeño espacio clínico para atender situaciones imprevistas… esto es lo que ofrecía Madame Petit antes de que estallara la Guerra Civil. Tras ella y tras las penurias de la posguerra, Madame Petit dejó de ser lo que había sido, el prototipo de la prostitución lujosa, para convertirse en un lugar sórdido y sucio, un lugar de prostitución barata y poco exclusiva.

En 1956, el Gobierno español promulgó una ley por la cual se abolía la prostitución. Esta ley supuso el fin de Madame Petit, el histórico burdel de la calle Arc del Teatre, que cerró las puertas. De este mítico burdel sólo se conserva una vidriera que, como vimos en nuestro artículo “Se expone una vidriera erótica del mítico burdel barcelonés Madame Petit”, se encuentra expuesta hoy en Vil·la Joana, la finca en la que murió el poeta Mossèn Cinto Verdaguer y que actualmente pertenece al Museu d’Història de Barcelona (MUHBA).

La Sevillana

Durante los años 20 y 30 el Bar Internacional tuvo que competir con, La Sevillana, otro burdel que estaba puerta con puerta con él. Si el Bar Internacional estaba ubicado en el número 15 de la calle Arc del Teatre, La Sevillana lo estaba en el 13; es decir: justo al lado.

La Sevillana era un prostíbulo de gama media. No llegaba al lujo de lugares como Madame Petit o el Chalet del Moro pero tampoco era un lugar sórdido como, en cierto modo, podría ser Cal Manco, un prostíbulo que estaba ubicado en el número 22 del Portal de Santa Madrona y que destacaba por su aspecto un tanto mísero y por dar acogida a prostitutas que trabajaban a precios muy económicos.

En La Sevillana se utilizaba, al igual que se utilizaba en Madame Petit, un sistema de fichas. Al entrar en el local, los clientes cambiaban dinero por esta especie de moneda propia que imperaba en este prostíbulo de la calle Arc del Teatre. En Madame Petit, las fichas eran de cinco pesetas; en la Sevillana, de tres. Cuando se iba a disfrutar de los servicios de una prostituta de este burdel de la calle Arc del Teatro, el cliente entregaba a la prostituta en cuestión las fichas correspondientes al servicio prestado. Estas mismas fichas eran las que las prostitutas entregaban a los propietarios de La Sevillana para justificar su trabajo.