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Un burdel valenciano, uno de los más famosos de Europa durante la Edad Media

Si hubo una ciudad española que durante tres siglos tuvo un prostíbulo conocido en toda Europa esa ciudad fue Valencia. Y el responsable del nacimiento de ese prostíbulo no fue otro que un rey, Juan II de Aragón, apodado “el Justo” y que vivió entre 1267 y 1327. Juan II, hijo de Pedro III El Grande y nieto de Jaime I El Conquistador, fue quien proyectó la fundación de un burdel que había de convertirse en una de las mayores atracciones de su ciudad natal.

¿Qué podía pretender un rey, en aquellos tiempos de la tardía Edad Media, fundando un prostíbulo? Primordialmente, apartar a las mujeres que ejercían la prostitución de lo que podía considerarse la “comunidad sagrada”. Estando penalizada socialmente pero siendo imposible su erradicación, las autoridades, incluso la religiosa, optaron por considerar a las prostitutas “un mal necesario”. Ellas servirían, entre otras cosas, para que los jóvenes calaveras se desfogaran y no fueran picoteando por ahí, de casa en casa, poniendo en riesgo virgos y matrimonios. Así, las prostitutas sirvieron para canalizar lo que algunas autoras feministas han llamado la “violencia sexual”.

Todos estos motivos fueron los que, en el siglo XIV, hicieron que surgieran los primeros prostíbulos en diferentes ciudades españolas. Está certificado que el primer burdel se fundó en Sevilla en 1337, que el de Murcia se fundó en 1444 y que Barcelona tuvo el suyo en 1448. La aparición de estos burdeles en los que se ejercía lo que se ha dado en llamar “prostitución pública” supuso un duro golpe para las prostitutas que se negaron a obedecer las ordenanzas y a abandonar los lugares públicos (calles y tabernas) en los que hasta aquel momento habían ejercido su oficio. Dichas prostitutas se vieron condenadas a vivir en la ilegalidad, a ser perseguidas y a ser, en múltiples ocasiones, condenadas y castigadas por ello.

El origen del aumento de la prostitución en la ciudad de Valencia y del surgimiento de la necesidad de crear un burdel hay que buscarlo en el momento en que se produjo la reconquista de la ciudad valenciana por las tropas cristianas. Al ser ocupada por los cristianos, gentes de todos los oficios entraron en la ciudad para vivir una nueva época. Entre todos los profesionales de todos los oficios figuraban también las trabajadoras del sexo. Todas ellas empezaron a ejercer su profesión en calles, hostales y posadas hasta que, en 1325, Jaime II ordenó a las prostitutas de Valencia que se abstuvieran de ejercer su profesión en las calles de la ciudad, “debiendo mantenerse en un lugar destinado para ellas”.

Fuera y dentro de las murallas

O sea: que a principios del siglo XIV, y fuera de las murallas de la ciudad, ya se había creado este macro-burdel valenciano en el que, según algunos historiadores, llegaron a ejercer la prostitución al mismo tiempo entre doscientas y trescientas mujeres. Tras la ampliación de las murallas de la ciudad, sin embargo, el prostíbulo quedó ubicado dentro de Valencia. Eso sucedió en 1356. Las autoridades de la ciudad no aprobaban que el burdel estuviera ubicado allí. Decidieron que había que aislarlo y, para hacerlo, construyeron un muro alrededor de él y dejaron en él una sola puerta. También se colocó un guardia en dicha puerta y se cegaron varias calles de los alrededores. Así, el famoso prostíbulo medieval de Valencia se convertía en una especie de isla del pecado aislada del resto de la ciudad.

En el fondo, y a decir verdad, el burdel medieval valenciano del que hablamos no era exactamente un burdel sino varias calles en las que se agrupaban una multitud de casas y una serie de hostales donde las mujeres ejercían la prostitución. Los historiadores que han estudiado la existencia de este macro-burdel valenciano han cifrado en 15 el número de hostales de los que disponía el burdel en su mejor época.

Durante más de tres siglos, el burdel medieval de Valencia estuvo colocado dentro de la ciudad. Regentado por un Regente, este famoso prostíbulo valenciano fundado en la Edad Media vivió su máximo esplendor a finales del siglo XV. Durante los tres siglos de su existencia, judíos y musulmanes tuvieron prohibido mantener relaciones sexuales con cristianos. Así, los fieles de Jehová y de Alá tuvieron prohibido el acceso al famoso lupanar de Valencia.

Las normas del prostíbulo

Para poder ejercer la prostitución en la famosa mancebía medieval valenciana era necesario cumplir una serie de requisitos. Para empezar, para trabajar en este burdel de Valencia había que tener más de 20 años. Teniendo esa edad, una mujer que quisiera ejercer la prostitución en ese lugar debía presentar una solicitud al Justicia Criminal, un cargo foral del Reino de Valencia que se encargaba de decidir sobre cuestiones judiciales penales del Reino.

Una vez aceptadas dentro de la mancebía, las prostitutas que ejercían la profesión en Valencia lo hacían durante la mayor parte del día en el lugar que hubieran alquilado a tal efecto. Las prostitutas de este macro-burdel valenciano podían optar entre una habitación de los hostales o una vivienda y eran ellas las encargadas de cuidarlo. Tanto en un caso como en otro, los caseros eran unos personajes que recibían el nombre de hostaleros y eran, de hecho, quienes controlaban el prostíbulo. ¿De qué manera? Contratando a las prostitutas, pactando un sueldo con ellas, atendiéndolas en las cuestiones cotidianas, haciendo de prestamistas para ellas… Esta última función adquiría una gran importancia, pues se convertía, de facto, en una manera muy efectiva de tener controladas a las mujeres que ejercían la prostitución en el burdel, ya que le quedaba vedada la posibilidad de marchar de él a aquella mujer que no hubiera satisfecho su deuda con el hostalero de turno.

Rezos y decadencia

Las horas del atardecer y los días en que se celebraban ferias o mercados eran, lógicamente, los momentos de más actividad laboral para las prostitutas del prostíbulo valenciano. Durante unos cuantos días al año, sin embargo, la actividad de la prostitución quedaba suspendida por orden gubernamental. Algunos de esos días eran los de la Semana Santa. Durante esos días, las mujeres eran recluidas en un centro religioso. Durante esos días de retiro espiritual, las prostitutas cobraban de la ciudad. Eso sí: debían soportar un aluvión de charlas morales y de oraciones impuestas por quienes, en nombre de la moral y de la religión, pretendían sacarlas del mundo de la prostitución.

La decadencia del burdel de Valencia se inició a mediados del siglo XVI. Un siglo después, en 1651, el Arzobispo Fray Pedro de Urbina, a la sazón Virrey de la ciudad, ordenó que las prostitutas abandonaran su trabajo y pasaran “a servir, o a estar en sus casas”. Si no lo hacían en un plazo máximo de diez días, serían expulsadas de la ciudad. Aquellos diez días se convirtieron, en la práctica, en 20 años, justo los que tardaron en marchar todas las prostitutas del prostíbulo de Valencia. Fue en 1671 cuando las pocas prostitutas que quedaban en el prostíbulo, la mayor parte de ellas casi ancianas, fueron retiradas a un convento.