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Asociación Zeromacho: paladines de la antiprostitución

Como acostumbra a decirse, hay gente para todo. Para constatarlo basta con sentarse en un banco en alguna calle principal de una ciudad medianamente importante y echar un ojo a lo que circula por ella. Diez minutos detenidos en una esquina de la Quinta Avenida neoyorquina curan de todo espanto y nos ilustran sobre lo variado de una especie, la nuestra, en la que la rareza es ley y la normalidad, utopía. Lo mismo que hemos dicho de la famosa avenida de Manhattan podría decirse, aunque a escala más modesta, de una terraza de la madrileña Plaza Mayor o de un banco de las siempre concurridas Ramblas barcelonesas.

Precisamente por esta famosa arteria de Barcelona, cambalache único de variedad humana, colorido muestrario de cómo cada quien puede ser cada cual pese al empeño uniformizador de la cultura global, circulan de un tiempo a esta parte una serie de hombres de mediana edad que, cual apóstoles de una religión en busca de fieles, reparten a otros hombres octavillas y papeles en los que puede leerse, impresa, la siguiente frase: “los hombres de verdad no compran mujeres”.

Estos apóstoles laicos de los que hablamos y que niegan ser frikis o miembros de alguna secta ultracatólica son miembros de la Asociación Zeromacho y dicen haber emprendido una especie de cruzada contra el machismo y, dentro de él, contra lo que ellos dicen que es su representación más extrema: la prostitución.

La Asociación Zeromacho nació hace cinco años en Francia. La fundó Gérard Bird, actual director de un semanario satírico tristemente célebre, Charlie Hebdo. Gérard Bird defiende desde hace tiempo lo que se ha convertido en el aspecto fundamental que introduce en la legislación francesa la nueva ley sobre prostitución aprobada por la Asamblea Nacional francesa y a la que ya hicimos referencia en esta sección en un texto anterior. Esa novedad legal de la que hablamos, y que ha sido defendida en alguna que otra columna por el director de Charlie Hebdo, es la de sancionar a los clientes de la prostitución.

La Asociación Zeromacho acaba de llegar a Barcelona tras haber captado miles de seguidores en más de cincuenta países de todo el mundo. En España, son ya más de 200 personas las que han firmado el manifiesto y se han comprometido en la organización de patrullas urbanas que, en sus ciudades, intenten dar a conocer la visión que del tema de la prostitución tiene su asociación.

El trabajo de los miembros de la Asociación Zeromacho no se limita al reparto de octavillas. Los miembros de Zeromacho también pretenden intimidar a todo hombre que se acerque a prostitutas callejeras con discursos con los que se les pretende avergonzar y con los que se les quiere convencer para que abandonen la costumbre de recurrir a los servicios de una prostituta. Para los miembros de la Asociación Zeromacho, esa búsqueda de servicios de prostitución (que el 20% de los hombres españoles reconoce haber realizado alguna vez) es una actividad denigrante y machista que fomenta la explotación de la mujer e impide la igualdad de sexos.

Para expandir su mensaje, los miembros de la Asociación Zeromacho acuden a institutos para hacer proselitismo entre los más jóvenes y expandir su idea. El objetivo, proclaman los hombres de Zeromacho, es conseguir que, en el futuro, los que hoy son jóvenes estudiantes aprendan a respetar a las mujeres y a respetarse ellos mismos.

La postura de las prostitutas

Como hemos dicho, cada quien es cada cual. Y todo aspecto de la realidad social es visto de una manera diferente por colectivos distintos. Por eso la iniciativa de la Asociación Zeromacho no ha sido bien recibida en algunos colectivos. El de los proxenetas es, lógicamente, uno de ellos. Y es de suponer que el de los clientes de la prostitución tampoco debe brincar de alegría ante la iniciativa de Zeromacho. ¿Por qué vienes a salvarme si yo no te he pedido que lo hagas?, dirán más de uno.

Y esa misma pregunta es la que se hace el colectivo al que, finalmente, más puede afectar una iniciativa de este tipo: el de las propias prostitutas. Un colectivo de ellas, Aprosex, ha elevado la voz contra la iniciativa de la Asociación Zeromacho. Partidarias de la regularización de la prostitución, las prostitutas de Aprosex niegan que necesiten ser salvadas y recalcan que iniciativas como la impulsada originariamente por Gérard Bird sólo consiguen victimizarlas y quitarles la voz.

Las prostitutas de Aprosex no quieren que nadie hable por ellas y afirman que la actuación de los bienintencionados hombres de la Asociación Zeromacho sólo sirve para entorpecer una lucha que ellas iniciaron hace años y que está orientada a conseguir una regulación que dignifique su profesión y permita su ejercicio en libertad y con todas las garantías de seguridad y sanidad.