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“Alanís” llega a las salas de toda España

La prostitución ha sido alguna que otra vez retratada en el mundo del cine. En ocasiones el cine nos ha mostrado una visión cómica y en cierto modo entrañable de la profesional del sexo, aunque lo más habitual ha sido mostrar a la prostituta como víctima de una cierta realidad social. En esos films, la prostituta lo es porque no tiene otro remedio y porque ése es el único medio que tiene a su alcance para escapar a una miseria que amenaza por devorarla. Por eso la prostituta de esos films es una prostituta amargada y taciturna, una prostituta en la que en modo alguno brilla la luz de la vida.

Salir del esquema cinematográfico descrito en el párrafo anterior no es fácil. El último intento de él es el de Anahí Berneri, directora de cine argentina que, con Alanís, consiguió el premio a la mejor dirección del pasado Festival de San Sebastián.

Alanís retrata la vida de una prostituta de Buenos Aires que no es esclava de una trama de mujeres ni es una mujer que sirva para dar el contrapunto divertido o entrañable a otro personaje de mayor calado. La prostituta cuyo papel interpreta la actriz bonaerense Sofía Gala no es una prostituta prototípica. Tampoco reproduce clichés caducos. La prostituta protagonista de Alanís es una mujer de carne y hueso que, en su doble papel de madre y prostituta, se convierte en una especie de heroína del día a día, una mujer muy alejada de ese papel de esclava de la trata que muchas personas, con afán interesado o por simple ignorancia, tienden a asociar a la prostitución.

En las entrevistas concedidas para promocionar Alanís, Anahí Berneri ha destacado su voluntad de tratar el tema de prostitución alejándose del tema de la trata. Eso la llevó en un primer momento a rechazar la propuesta de rodar un corto sobre un guion surgido de un taller de guion en Argentina. En aquel guion primigenio, prostitución y trata de mujeres iban indisolublemente ligadas. Pero aquella propuesta inicial dejó una semillita plantada en el cerebro de Anahí Berneri.

Berneri empezó a hacerse preguntas y a interesarse por el tema de la prostitución y las problemáticas asociadas a él. Habló con prostitutas, con miembros de asociaciones de defensa de las mismas y con personas relacionadas de un modo u otro con la prostitución. De esas conversaciones nació el impulso mental de lo que después se convertiría en Alanís. Ese impulso mental giraba sobre una idea: la película que se rodara debía tener como objetivo principal el de “humanizar la prostitución”.

La prostituta interpretada por Sofía Gala en Alanís (interpretación que le valió a Gala el premio a la mejor actriz en el Festival de San Sebastián) es una mujer que, entre las pocas opciones que tiene para ganarse la vida, opta de una manera consciente y voluntaria por la de ejercer la prostitución y por hacerlo, además, de la manera más digna posible.

Al rodar Alanís, Berneri quería poner en cuestión, también, las políticas que persiguen la ilegalización de la prostitución. Según ha declarado la directora argentina en alguna entrevista, la ilegalización de la prostitución supondría igualar todo tipo de prostitución y, al mismo tiempo, rechazar el hecho de que la mujer sea dueña de su cuerpo y goce de la libertad de utilizarlo a su antojo.

Así, Alanís se convierte en una película-denuncia. Berneri nos dice con su Alanís que las instituciones no disponen de medidas útiles (o no las utilizan) que sirvan para enfrentarse al tema de la prostitución. Sin duda lo que Anahí Berneri se propone es animar un debate y aportar argumentos a él.

Ahora tenemos la ocasión de contemplar la propuesta de Anahí Berneri. El pasado viernes 15 de diciembre inició su andadura comercial en las pantallas españolas.